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Una casa incómoda y arrogante

Traducción de Hernán D. Caro
Después de pasar un par de días en la casa de Oskar Schlemmer, el autor no puede evitar hacerse una pregunta tan incómoda como su estadía allí: ¿en qué estaban pensando los maestros de la Bauhaus cuando construyeron sus viviendas?

© Angelo Hornak | Corbis

 

Nueve habitaciones, dos sanitarios, dos cocinas, baño con bañera, doscientos cincuenta metros cuadrados de superficie habitable: no suena nada mal. Pero cuando uno entra en la Meisterhaus (la casa de maestros) en la que entre 1926 y 1929 vivió y trabajó en la ciudad de Dessau el profesor Oskar Schlemmer junto con su esposa Tut y sus tres hijos, comprueba que se trata posiblemente de la casa de doscientos cincuenta metros cuadrados más pequeña del mundo.

Está llena de recovecos. Tiene demasiadas puertas. Solo en el baño, por ejemplo, hay tres. Además, el baño tiene una ventana enorme, lo que suena bien al principio. Pero esa lumbrera gigantesca se encuentra exactamente junto a la bañera: la persona que se ducha puede ser vista por el público de Dessau en todo su esplendor. Si alguien tiene algo en contra de eso, tiene que cubrir la ventana con una cortina. Entonces el baño queda sumido en completa oscuridad, y uno se ve obligado a prender la luz.

El radiador cuelga debajo del techo. La mayoría de los arquitectos de la Bauhaus de los primeros años se resistían a las paredes cubiertas de cuadros. Esta calefacción debía ser un adorno, el reemplazo de una pintura. Por motivos ideológicos, entonces, cuelga aquí un radiador justo donde uno, el individuo que se baña relativamente libre de ideologías, menos lo querría tener.

Me permitieron vivir dos días y dos noches en Dessau, avenida Ebert 67, en la antigua casa de Schlemmer, uno de los “maestros” de la Bauhaus, que enseñaba escultura entre otras cosas. El maestro supremo y arquitecto de las casas de la Bauhaus era Walter Gropius.

De todos los movimientos de liberación humana del siglo XX, buenos y malos, ingenuos o grandiosos, la Bauhaus es quizá el mejor parado hoy en día. Techos planos, hileras de ventanas, simetría, ángulos rectos, mucho vidrio, mucho vacío: esto es la Bauhaus, y esto es hasta nuestros días la esencia de la arquitectura “moderna” en Alemania, en Nueva York y en Dubai. La Bauhaus, escribió un crítico, es posiblemente el “último estilo”, el fin de la historia en uno de sus campos. Como sea, desde su nacimiento ningún otro estilo ha podido establecerse de forma tan permanente y universal. ...

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Es columnista de Die Zeit.

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