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Perfil

Mario Puzo:

El hombre que quería ser rico

Menospreciado por la crítica, el autor de El Padrino no ha sido medido en su dimensión literaria. Este retrato reivindica en parte lo que los millones no han alcanzado a darle. 

Ilustración de Fernando Vicente


1970
. Recluido en un hotel de cinco estrellas, dedicado al tenis con un instructor que no deja de llamarlo “campeón”, bronceado, sin negarse a alguna fiesta con estrellas del cine o el deporte, Mario Puzo pasa una temporada en Hollywood, donde, en sus ratos libres, cumple con el encargo de escribir la versión fílmica de El Padrino. Podemos imaginarlo con una sonrisa satisfecha. No se trata solo del hotel, el tenis, el bronceado, la alberca, las fiestas y el glamour de una película cara. Se trata de que se ha salido con la suya.

En 1955, Puzo, un escritor a destajo nacido en una familia de inmigrantes napolitanos analfabetas, publica una novela llena de ambiciones y virtudes literarias, The Dark Arena, ambientada en el Berlín de la ocupación yanqui, a la que sigue, diez años después, The Fortunate Pilgrim, conocida en español como La mamma. En ambos casos la respuesta de la crítica es buena. No así la de los lectores de a pie, más bien indiferentes, tanto como para que este ya no tan joven autor nacido en la zona de Hell’s Kitchen, Manhattan, cosecha 1920, decida dar un giro dramático a su carrera en las letras y convertirse en un novelista de amplias ventas, ajeno a las veleidades de la crítica, el prestigio literario, el estatus de gran creador; atento solo a la cuenta de banco. De esa determinación estrictamente mercantil nace El Padrino, la novela, o al menos así lo cuenta el propio Puzo muchos años después en un inconseguible y a ratos cínico volumen de memorias, Los documentos de El Padrino.

Pero ¿estrictamente mercantil? ¿Es en verdad ajeno Puzo a cualquier pretensión literaria y se limita a cumplir con el público como el restaurantero que pone el plato en la mesa del cliente sin preocuparse de nada salvo el pago por el servicio?
 

El clásico
El Padrino, la película, es un clásico en el sentido más noble del término. Lo es en la medida en que un clásico es aquello que rebasa sus propios márgenes artísticos para incrustarse en la vida cotidiana y darnos un tema común de conversación. De El Padrino se habla con el amigo...

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Julio Patán

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