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El Malpensante

Breviario

Viejos amigos

Comer, charlar y beber entre amigos octagenarios. 

Efraín Wachs cruza la meta


Tengo una progresiva tendencia a hacerme de amigos octogenarios. Adoro comer, charlar y beber con hombres y mujeres que superan ese magnífico umbral. Yo me siento cómodo en su compañía, como si entre ellos y yo colgara un puente de sangre, una soga que nos une de manera metafísica.

He pensado en la razón de esto, y acá van mis conclusiones. La primera es que el trato con coetáneos se me hace cada vez más cuesta arriba. Alternar con ellos es como mirarme al espejo, y esa práctica se viene complicando a medida que pasan los días. Además, cuando uno llega a la mediana edad se encuentra en un espantoso punto equidistante, donde no se es ni joven, ni viejo, ni niño, ni anciano, ni un coño. ¿Qué diablos soy?, me pregunto con el mismo gesto de Janet Leigh en Psicosis.
 
Los ancianos me fascinan porque al llegar a esa cumbre de la edad, el ser humano o se hunde o se libera (o le ocurre las dos cosas juntas), que son dos formas, al fin y al cabo, de asumir la vida en toda su intensidad.
 
He leído en el diario Clarín la noticia acerca de la carrera de los 373 años, donde Efraín Wachs (91), Lorenzo Escobar (95), Manuel Rajas (95) y Andrés Costilla (93) disputaron una prueba de 4×100 metros en la Plaza Independencia de Tucumán. Estos nonagenarios se calzaron sus Nikes y echaron a correr como Usain Bolt. Wachs, el promotor de este ingenio, oro olímpico en los torneos internacionales de atletismo para veteranos, se inició en el atletismo con algo de demora, ¡a los 70 años!, luego de una exitosa carrera como ajedrecista.
 
Admiro a estos viejos colosales, semidioses de la vida, auténticos campeones contra la muerte. Además me entretienen sus extravagantes performances, y me hacen pensar que yo, a esa edad (y con seguridad mucho antes) mereceré el reino, no de los cielos, tampoco de los infiernos, pero algún reino, pienso yo, mereceré.
 
Los ancianos hacen el viaje de vuelta, y desde la ventanilla de su vehículo se ríen de este mundo. Practican el sarcasmo y la iron&i...

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Gustavo Valle

Colabora habitualmente con ensyaos y crónicas para las revistas Letras Libres y Cuadernos Hispanoamericanos, de España.

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