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Iceberg

Lección no aprendida; Ese olor a incienso; Valdrá la pena

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Lección no aprendida

© Corbis

Es apenas lógico coincidir con quienes piensan que darle 15 años de prisión a Nicolás Castro, el joven que montó en Facebook el grupo “Me comprometo a asesinar a Jerónimo Uribe”, es una desproporción mayúscula. Arruinar la vida de un pelado por un acto absolutamente censurable y estúpido, pero afortunadamente sin consecuencias, es a todas luces una injusticia, más aún si uno piensa en la laxitud y el mimo que la Fiscalía les prodiga a los verdaderos criminales en Colombia. Y Nicolás Castro puede haber metido la pata, pero no es un criminal. ¿Se puede tildar así a un tipo tan chambón que abre una página amenazando a otra persona y monta una foto que en realidad corresponde al hermano de la víctima? No es un chiste: vean el pantallazo de Facebook reproducido en la revista Semana del 7 de diciembre. El amenazado es Jerónimo, pero el de la foto es Tomás.

También es fácil coincidir con muchos internautas en que ojalá las autoridades hubieran demostrado el mismo celo, la misma diligencia, el mismo rigor inquisitivo en los casos de Daniel Coronell, Piedad Córdoba o Gustavo Petro (para solo mencionar a tres personajes públicos amenazados en la red). Que no lo hayan hecho es una prueba más de que la justicia en Colombia tiende a ser selectiva o, como dicen por ahí, que la ley es para los de ruana.
 
Ahora: con quienes sí no es posible estar de acuerdo es con los numerosos internautas que, en aras de evitarle el carcelazo a Castro, se han dedicado a propalar las más inverosímiles –y en algunos casos dementes– disculpas sobre su conducta. En el portal de Esfera pública se han recopilado buena parte de estas intervenciones. Y lo que uno lee allí podría resultar risible si en la mitad no estuviera en juego el futuro de un joven que está viviendo la hora más amarga de su vida.
 
Según Emecé, un blogger, todo se trata de “un error semántico que tiene consecuencias a nivel jurídico”. “¿Cómo así?”, pregunta uno. “A mi humilde entender” –nos explica–, “una amenaza existe en la medida en que el amenazador le declara al amenazad...

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