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El Malpensante

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¡Ah, los catalanes!; Una extraña coincidencia; Aforismos burocráticos

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¡Ah, los catalanes!

Escena de La pantera imperial, obra del Teatre Lliure

Vuelve una vez más el Festival Iberoamericano de Teatro a Bogotá y una vez más nos aprestamos a ver obras cuya radicalidad o extrañeza no deberían ser óbice para que el público se abstenga de asistir. Al menos en esta redacción, nos da curiosidad saber qué diablos hizo el Teatre Lliure con 2666, la monumental novela de Roberto Bolaño. Hace poco menos de tres lustros, esa misma compañía estrenó La pantera imperial (obra también invitada al Festival), un fascinante montaje sobre Johann Sebastian Bach, y las dificultades de aquella pieza no eran menores a las que plantea la adaptación escénica de un tocho de 1.200 páginas. Sea como sea, ese espectáculo y los ocho restantes que trae el invitado de honor pueden darnos una buena idea de lo que actualmente pasa en las artes pero también en la política de Cataluña y las islas Baleares.

Basta apuntar los ojos y los oídos hacia allá para hacerse una idea de lo que está pasando. Pero en registros distintos, porque lo que se puede leer en avisos y señales y lo que se escucha de boca de los catalanes parece pertenecer a mundos distintos.

Crispación y revancha: si hubiera que definir los sentimientos prevalecientes en esos dos lugares éstos serían los más notorios. Salta de bulto que para la Generalitat ser parte de España es un constante motivo de cabreo. ¿Una exageración? Para nada. La Generalitat lleva por lo menos 25 años luchando a brazo partido para someter a los catalanes, tratando de persuadirlos para que sean catalanes, pero los catalanes, gente asilvestrada e insumisa, no atienden la sabia voz de los padres de la patria. En consecuencia, ya que no puede obligarlos a escindirse ahora mismo de la península, se ha decantado por todas las variantes del ridículo como su particular forma de venganza.

La principal triquiñuela de la Generalitat es que ha decidido imponer una artificial hegemonía del idioma catalán. Con la inestimable ayuda del presupuesto público –ya se sabe: salvar a la patria cuesta una pasta– se han dedicado a ...

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