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El Malpensante

Breviario

Esbozo sobre el ensayo

Una reflexión sobre el ensayo como el arte de ensayar, fracasar y exponerse ante el lector.

Arthur Schopenhauer, ensayista casi a pesar suyo © The Francis Firth Collection. Corbis

Se confunde ensayo y texto académico. Similares ambos, claro, aparentemente al menos, uno y otro textos de no ficción y en los que se habla de algo real; algo, digamos, con existencia previa al momento de la escritura y a la mera imaginación del escritor, pero distintos en el resto, en lo fundamental, ejercicios diferentes movidos por impulsos y empeños diferentes.

Cada vez más, por cierto. La práctica universitaria que, para obtener puntos en el cursus honorum académico, ha impuesto la necesidad de publicar libros y textos indexados que a menudo nada aportan y a nadie interesan ha demostrado ser perversa y ha convertido la publicación universitaria en un fin en sí mismo: lo importante no es qué se escribe, sino publicarlo. Y por eso casi todo lo que se publica está mal escrito: por interesante que sea el asunto, el resultado no atrae por lo mal escrito que queda. Más importante, mucho más, que escribir bien es justificar lo que se escribe, esa exigencia irritante de motivar cualquier afirmación, basarla en algo, dar la referencia exacta y detallada hasta el más nimio dato (Madrid, capital de España –como decía Fulanito, y a continuación la referencia completa de la cita...). Lo que está muy bien para el rigor, sí, pero muy mal para el aporte intelectual. Y para el disfrute, sobre todo: no hay lectura más ingrata hoy, más plúmbea, más molesta, que la de tesis doctorales y otros textos académicos.
 
El ensayo, en cambio, no necesita justificarse. El autor escribe su texto en nombre propio y dice lo que quiere decir, lo que piensa o cree o siente o ve u oye o todo a la vez, o lo contrario. Y ese texto se basa más en quién lo escribe, y cómo, que en qué dice.
 
El ensayo, es claro, ensaya. Adorno hablaba “de la experiencia del tanteo que siempre sugiere la palabra ensayo”. Y el que ensaya, y tantea, arriesga. Arriesga con lo que dice y se arriesga él entero. Su exposición no se basa en que lo hayan dicho otros o en el prestigio, incorporado en una cita, de un tercero: se sostiene sola. O no, sola no, se apoya en él, en el autor. Si cita es porque al hilo de lo que escribe viene a cuento algo que alguien ha pensado antes...

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José Antonio de Ory

Ha colaborado con El Malpensante y otros medios de Colombia y España.

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