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Breviario

Pongamos que hablo de Miami

Andar y ver en pocas palabras

Italo Calvino escribió que a las ciudades se las conoce mejor en la mirada de los extranjeros. A mí me ha tocado muchas veces conocer Miami, la ciudad en la que he vivido los últimos veinte años, cuando he servido de anfitrión a un recién llegado. Y es cierto: en la mirada de los demás se notan las costuras de los espacios a los que uno se ha acostumbrado a considerar un hogar.

¿Es Miami mi casa? Al cabo de tantos años no podría afirmarlo con certeza. Lo he dicho en otros apuntes: soy un morador afortunado de mi barrio de South Beach, un espacio pequeño del que apenas salgo como no sea para asistir a conciertos o visitar la casa de algún amigo fuera de este islote playero. Lejos de aquí, soy otro.

Pero ahora que una compañera me ha obligado a salir de mi alta cueva para explorar los rincones de Miami, he vuelto a ver la ciudad con otros ojos. Antenoche, por ejemplo, me fui a la Calle Ocho a oír al colectivo Cubiche descargar en La Casa de Tula, un lugar que, como todos los de Miami, solo se le puede apreciar como una promesa. No hay otra manera de hacerlo, pues en esta ciudad las músicas en vivo languidecen en una indiferencia supina. No sin razón se habla por lo bajo de Miami como un cementerio para músicos, aunque los publicistas y políticos de la ciudad dejen la piel tratando de venderla como “la capital de la música latina”.

Esa indiferencia debería ser estudiada por un congreso de sociólogos. Otros personajes menos académicos han visto en ello una deficiencia cultural, y razones no les faltarían si la ciudad contara de veras con una cultura... a secas. No la hay, fundamentalmente, porque lo que siempre ha predominado es un profundo sentido del mal gusto que sí atrae como el papel pegante a las moscas. En las páginas de los pocos periódicos que todavía se mantienen en pie, se muestra el escandaloso encanto de eso que un personaje de Guillermo Cabrera Infante llama “la hez del solar”.

Desde luego, las buenas ofertas musicales no escasean. Claro que no. Pero acuden los mismos gatos de siempre. Cuando acuden. Sume usted una miserable recompensa económica en los locales de entretenimiento y se entenderá por qué los músicos talentosos prefieren tocar como obreros más que crear como artistas. En Nueva York, en Madrid, en Buenos Aires... uno se sorprende al ver a los músicos reunirse para apreciar el arte d...

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Eliseo Cardona

Administra el blog de música Jazz www.bluemonkmoods.com.

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