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El Malpensante

Deportes

Alí, Tyson, Wilde y el Inca Valero

Ahora que parece imperativo hablar de fútbol, ahora que el Mundial copa todas las mentes, qué placer conversar sobre boxeo y las fulgurantes anécdotas de Mohamed Alí en Venezuela. 

 Fotografía de Andy Warhol © The Andy Warhol Foundation • 1977 • Corbis

 

Me apasiona tanto el boxeo que de niño soñaba con tener una nariz partida y esas cejas que los golpes van dejando lampiñas, protuberantes. Le tengo terror a una pelea callejera, especialmente si es de noche y la acera está mojada, pero en un ring, con guantes de 16 onzas, protector bucal y un réferi compasivo, podría haber sido bastante valiente.

El boxeo era una tradición familiar. Yo nací en 1950 y entre mis primeros recuerdos está Rocky Marciano avanzando sin dar tregua. Ya adolescente, había más gente en mi casa para ver una pelea que en un 24 de diciembre. A mi padre le dio una taquicardia en uno de los últimos combates de “Lumumba” Estaba. Sobraban los motivos: el espectáculo de aquel viejo boxeador criollo, campeón en el ocaso de los ocasos, que se mantenía en pie gracias a artimañas y piruetas, era en verdad un suplicio angustioso. Después de esa pelea, mi padre juró, mientras se medía la tensión, no ver más combates. No sería un juramento tan exigente: pronto Lumumba perdió el título y el boxeo comenzó a pasar de moda.

Hay dos historias que van de los inicios a la gloria de un boxeador. La primera me la contó Alberto Feo. Alberto compitió como nadador en las Olimpíadas de Roma. Era el menor de la delegación en edad y en tamaño. Su compañero de habitación resultó ser el más grande, un aparatoso semipesado que compensaba sus músculos de leñador con una mentalidad de niño. Alberto cuenta que su amigo estaba muy contento porque en el sorteo le había tocado “un negrito maricón” para su primer combate. Lo describió como un flaco que daba saltos por el ring mientras le colgaban los guantes.

Alberto era menor de edad y no pudo ir al Coliseo de Roma a...

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Federico Vegas

Federico Vegas comenzó su carrera literaria dentro del relato breve y el ensayo antes de pasar a la novela, donde ha destacado con sus últimas obras. Su novela Falke, de 2005, fue saludada como un gran hito de la narativa en Venezuela.

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