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Literatura

Memoria perfeccionada

¿Para qué sirve la literatura? Entre las muchas respuestas posibles a esta pregunta, la del autor de este ensayo pone el acento de reinventar el pasado.

Ilustración de Marcos Chin

 

En Los emigrados, el extraordinario libro de W. G. Sebald sobre la distancia en el espacio pero también en el tiempo, hay un momento en que el narrador, decidido a averiguar una serie de cosas sobre el pasado de sus parientes expatriados, llega a una ciudadela para ancianos de Lakehurst, Nueva Jersey. Allí, en el curso de una tarde entera, escucha de boca de su tía Fini la narración de la vida y milagros del tío Ambros Adelwarth. Y, como en los libros de Sebald todo el mundo cuenta historias, la tía Fini nos cuenta lo que el tío Ambros le contaba a ella, anécdotas tan fantasiosas que ella nunca llegaba a creerlas por completo. “A veces”, nos dice, “me parecían tan improbables que supuse que el tío sufría del síndrome de Korsakov: como quizás sepas, dijo la tía Fini, se trata de una enfermedad que hace que las memorias perdidas sean reemplazadas por invenciones fantasiosas”.

El síndrome Korsakov. Para cualquier ser humano se trata de una dolencia terrible; para el novelista, en cambio, de una mera metáfora del oficio. Escribir novelas es el arte de convertir los recuerdos reales en recuerdos inventados; de reemplazar nuestra memoria privada, individual y limitada, por la particular manera de recordar que tiene la literatura, cuyo rasgo más extraño es el de formar parte de eso que llamamos inconsciente colectivo mientras nos provoca la ilusión de estar hablando de nuestra vida más íntima. “La memoria”, dice Sebald en otra parte, “es el espinazo moral de la literatura”. En buena medida, es cuando la literatura se dedica a recordar que resulta más incómoda, más subversiva y, por lo tanto, más fiel a su naturaleza. Recordar molesta; son molestos los memoriosos, los que nunca olvidan: no es necesario que un Estado se acomode a nuestra idea de totalitarismo para que dedique buena parte de su energía a moldear el recuerdo colectivo, a veces eliminando los testimonios, a veces eliminando a los testigos. Hace unos años Orhan Pamuk se atrevió a recordar, ante un periódico suizo, un cierto momento incómodo del pasado de su país –la masacre de un millón de armenios– y el gobierno lo acusó de “denigrar públicamente la identidad turca” y estuvo a punto de mandarlo a pris...

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Comentarios a esta entrada

Diana Alejandra Trujillo Martínez

Bella memoria

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Recibió en 2011, el Premio Alfaguara de Novela por 'El ruido de las cosas al caer'.

Agosto de 2010
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