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Literatura

Escritor hasta la muerte

A un año de su fallecimiento, estas palabras de un amigo retratan a Tomás Eloy Martínez en la tarea que lo ocupó hasta el final de su vida: crear ficciones, como una manera de reescribir la historia.


Ilustración de Martín Kovensky

 

Le había escrito a Ezequiel que cuando llegara a Buenos Aires quería visitar la tumba de Tomás, y así lo hicimos una tarde de primavera del mes de noviembre, ya cuando el verano va encendiéndose en el cielo austral sobre el Río de la Plata. Primero fuimos con Juan Cruz y su mujer Pilar a la biblioteca municipal Miguel Cané de la calle Carlos Calvo, en Boedo, donde un día trabajó Borges escribiendo a mano fichas para dar entrada a los libros en el catálogo, y de donde fue destituido en 1946 a la llegada del peronismo, nombrado a cambio inspector de gallineros y aves de corral, porque entre otras cosas al poder le gusta el escarnio. Ahora están desocupando el segundo piso para instalar los libros de Tomás, su escritorio, sus papeles, todo como él lo dejó, como si fuera a vivir allí al lado del cubículo que ocupó Borges, los dos entregados a amena conversación, y qué interminable, si tienen la eternidad entera. Algo de eso escribí en el libro de visitantes, que a ambos les esperaba una plática sin fin de la que es una lástima perderse.

Luego recalamos en el café Margot para el almuerzo, allí mismo en Boedo, invitados por Josefina Delgado, la secretaria de Cultura del gobierno de Buenos Aires, y por fin, a bordo de una camioneta del mismo ministerio, parecida a un vehículo celular de la policía, de ésos que recogen prisioneros díscolos en las madrugadas, con una reja divisoria atrás para transportar libros, enfilamos hacia el Cementerio Memorial de Pilar, no sin antes detenernos en un puesto de flores pues Tulita, mi mujer, quería llevarle a Tomás unas rosas rojas.

Hay que viajar unos cincuenta kilómetros por la ruta 9 que lleva a Rosario, siempre congestionada de vehículos, a través de suburbios prósperos marcados a uno y otro lado por desarrollos residenciales, centros comerciales, supermercados, fábricas, agencias distribuidoras de coches, como si la ciudad se empeñara en no terminar nunca y olvidara sus confines, hasta que dejamos la autopista por una vía secundaria y llegamos a las puertas del cementerio amurallado, escondido entre arboledas.

Es uno de esos cementerios que parece un silencioso campo de golf, con sus suaves colinas verdes, tersas como alfombras, los ár...

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Sergio Ramírez

Además de escritor, abogado y político. Fue vicepresidente de su país en 1984, desde donde fundó la editorial Nueva Nicaragua. Recibió en Chile el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.

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