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El Malpensante

Portafolio gráfico

Zaragoza Boxing Gym

Fotografías y textos de Marcela Barrios Hernández

En el tercer piso de un viejo edificio levantado en el corazón del distrito de Bushwick, un gimnasio de boxeo rinde homenaje al campeón mexicano de peso gallo Daniel "el Ratón" Zaragoza, dando una oportunidad a jóvenes pugilistas sin esperanza. Este reportaje gráfico retrata a Wilson Ramírez, su fundador, y a algunos de los underdogs que se dan cita diariamente en el cuadrilátero del Zaragoza Boxing Gym.

Justo en el cruce de la avenida Broadway y la línea Jamaica del metro, conocí a Wilson Ramírez, dueño del Zaragoza Boxing Gym.

Ramírez es un mexicano de unos cincuenta años, con unos orgullosos ojos indios y una mirada cálida pero severa. Lleva una larga chaqueta de cuero marrón, que lo hace lucir aún más pequeño, y un sombrerillo que completa su atuendo al estilo gánster. Parece un personaje salido de la cabeza de Scorsese, a quien tanto le gustaba filmar en estas calles.

Se acomoda el sombrero. Ramírez es prolijo en los detalles. Cuando le digo que vivo en Europa, sonríe y me cuenta, mientras sacude las puntas de su chaqueta:

–¿Sabe, señorita?, el sueño mío es ir a Alemania. Allá la gente es muy elegante y los caballeros se visten hermoso. Aunque a mí también me gusta el estilo mafioso. Infunde respeto.

La historia de Ramírez es la de muchos neoyorkinos.

–Viví en la oscuridad casi toda mi vida. Llegué a Nueva York hace casi 30 años y solo desde hace diez tengo papeles. Por eso nunca pude ir a Alemania.

De joven, Ramírez fue boxeador, pero tuvo muy poca suerte: a los 18 años se fracturó el brazo derecho y nunca se recuperó del todo. Comenzó a trabajar como plomero, pero siguió yendo a las peleas para observar la técnica y los errores de los boxeadores. Hace casi dos décadas fundó su gimnasio, en pleno corazón del distrito de Bushwick.

Bushwick es una zona tradicional de inmigrantes, atravesada por una de las principales arterias de Brooklyn y Queens: la avenida Myrtle. 

Hacia finales de los noventa, esa calle sembrada de peluquerías y restaurantes dominicanos era mejor conocida como la “avenida de la muerte”, y protagonizaba éxitos raperos de gueto y violentas escenas de películas como Buenos muchachos.

Hoy el sector vive un proceso de recuperación. Manhattan se ha vuelto infranqueable, y muchos neoyorkinos se han tomado zonas como Bushwick por su cercanía al Hudson. Por eso, después de ser un referente de la dureza de la calle ha pasado a convertirse en un espacio donde bulle la energía popular, como lo fueron en su momento Greenwich Village o el Lower East Side.

Justo ahí, en la esquina de Broadway con Myrtle, en el tercer piso de un viejo edificio que lleva en la fachada el número ...

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Marcela Barrios Hernández

En 2009 fue laureada con el premio de fotorreportaje para estudiantes que otorga 'Paris Match'.

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