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Ficción

Confianza

Un cuento de Juan Villoro

Ilustraciónes de Diego Patiño


Nunca antes me había cautivado un pie, al menos no de ese modo. Me acomodé en el asiento del avión, bajé la vista y sentí, de manera intensa e inconfundible, que los dedos bajo la trabilla de una sandalia reclamaban mi atención. Un pie leve, delicado. Mi excitación me sorprendió por varias razones: eran las seis de la mañana y la realidad se deslizaba ante mí como una deficiente película mexicana; estaba en el estrecho asiento de un avión (mido 1.94 y muy seguido me duele la espalda); no había visto la cara ni el resto del cuerpo de la mujer, y lo más importante y difícil de confesar: no me excito con facilidad.

Algo sucedió con ese pie. Me hizo sentir vivo de manera incómoda.

Saqué la carpeta que debía revisar y me refugié en sus gráficas.

–Eres Boby, ¿verdad? –dijo la mujer de al lado.

No se refería a mí, sino al otro pasajero, que iba junto a la ventana.

–¿Marcela? –dijo él.

–Soy Marta. Nos vimos hace siglos. Tenías fibromialgia.

–¡Dieciocho dolores distintos! Fue mi época más versátil. En cambio a ti no te dolía nada. Eras una chulada. Bueno, sigues monísima. Ya te casaste, ¿no?

El entusiasmo con que conversaron me permitió espiar sin que ellos advirtieran mi curiosidad. Me encontraba junto a una chica agradable sin ser excepcional. Me dedico a la estadística; la media se encuentra entre posibilidades oponentes: Marta representaba esa aporía que es lo “normal”. Pero el pie cambiaba la ecuación; era el sobrante, el punto de inflexión, el extra que cargaba el cuerpo al lado de la sensualidad.

Me molestó estar tan caliente. Me molestó porque no soy así. Envidio a los amigos que hablan con belicoso apremio de las mujeres que codician. Es posible que sean tan pasivos como yo, pero poseen un envidiable ardor verbal.

Amo a Francisca, la mujer con la que me casé hace catorce años. Amo que esté conmigo (iba a escribir “que se conforme conmigo”, pero ésta no es una confesión patética sino complicada).

A pesar de su no...

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Juan Villoro

Ganó el Premio Herralde en 2004 por su novela 'El testigo'. Su última publicación es el ensayo 'Balón dividido'.

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