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El Malpensante

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El fetichismo de las citas

Cítame, que yo te citaré: éste parece ser uno de los mandamientos centrales de la colmena intelectual, cada vez más parecida a un intrincado laberinto de citas infinitas.

Citas exóticas

Los libros y artículos publicados en Nueva York (o en París) citan sobre todo libros y artículos publicados en Nueva York (o en París). Hay algo natural en que las metrópolis sean provincianas: el desarrollo de una conversación creadora, la animación que le da vida, tiene como centro una discusión local. Por el contrario, un signo claro de subdesarrollo son las publicaciones que no citan autores locales, para no verse provincianas. Muestran la altivez de Groucho Marx: “No me interesa pertenecer a un club que acepte gente como yo”. Para el subdesarrollo, las discusiones importantes son las que se siguen de lejos, como un espectáculo. Estar en la periferia consiste precisamente en no estar en sí mismos, en creer que la verdadera vida está en un centro remoto.

En 1832, Mariano José de Larra se quejaba de la “Manía de citas y de epígrafes”, por su abundancia y extranjerismo: “Desearíamos que, más celosos de nuestro orgullo nacional, no fuésemos por agua a los ríos extranjeros, teniéndolos caudalosos en nuestra casa”. (Artículos literarios, Plaza & Janés, 1985, p. 115). Julio Ramón Ribeyro renueva esta doble queja en Prosas apátridas 25 (Tusquets, 1975): “Un autor latinoamericano cita 45 autores en un artículo de ocho páginas. He aquí algunos de ellos: Homero, Platón, Sócrates, Aristóteles, Heráclito, Pascal, Voltaire, William Blake, John Donne, Shakespeare, Bach, Chestov, Tolstoi, Kierkegaard, Kafka, Marx, Engels, Freud, Jung, Husserl, Einstein, Nietzsche, Hegel, Cervantes, Malraux, Camus, etcétera”. Wilfrido Howard Corral (“El desmenuzamiento de la autoridad de la cita y lo citado”, Eco 252, Bogotá, octubre de 1983) toma como epígrafe la afirmación de Ribeyro, la atenúa diciendo que esta obsesión se da en todas las literaturas y observa algo importante: “Es sólo recientemente que los latinoamericanos citan a los latinoamericanos”.

Hay que decir también que el canon citable varía de tiempo en tiempo y de lugar en lugar.

La lista de Ribeyro está datada: es como de 1950, antes de Sartre y el marxismo académico. Y, a la observación de Corral, habría que añadir que el fenómeno reciente se da a partir del boom narrativo: a partir de que algunos latinoamericanos fueron publicados en Barcelona, París, Nueva York. Y que tuvo antecedentes. En el primer bo...

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