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Doble historia de las inundaciones

Entre la fertilidad y la catástrofe

Millones de personas sufren hoy el flujo incontrolable de las aguas. Lo que actualmente vemos como señal inequívoca de desastre también tuvo un pasado glorioso, fértil, prometedor. ¿Qué cambió entre las civilizaciones antiguas y la nuestra?

Pakistán, septiembre de 2010

 

Las inundaciones son fenómenos naturales que han existido desde siempre. La humanidad creció con ellas y supo aprovecharlas bastante bien, aunque en la actualidad estén más asociadas a catástrofes.

Las más notables culturas prosperaron en zonas inundables, como en la antigua India, a lo largo de los ríos Indo, Ganges y Brahmaputra, donde se domesticó el arroz que crece en terrenos anegados. En China, a orillas de los ríos Yangtsé y Amarillo, se forjaron culturas legendarias en compleja armonía con los desbordamientos. También los valles del Danubio, el Rin, el Volga y el Mississippi han sido asiento de civilizaciones, pues las inundaciones no son patrimonio exclusivo del trópico.

Los ríos y sus planicies de inundación no solo garantizan agua y buenos suelos para la agricultura, sino pesca, mucha pesca, entre otros beneficios. Su uso como vías de comunicación, de conexión con el mar, y como facilitadores de intercambios comerciales y culturales, explica en gran medida su función civilizadora.

El cambio en la perspectiva de estos fenómenos responde a múltiples factores; buena parte de ellos tiene como causante y víctima a la población humana.


Cuna de civilizaciones

La referencia más expresa a la bondad de los ríos, sus desbordamientos y su importancia histórica y cultural alude a Egipto y al Nilo. La riqueza y poderío de esta civilización, que hizo posible la maravilla extravagante de las Pirámides, la Esfinge y los templos de Karnak y Luxor, se atribuye a la legendaria fertilidad del valle del Nilo, generada por sus desbordamientos periódicos. El río anegaba y sus sedimentos fertilizaban la tierra; al retirarse las aguas, crecían el trigo y el poder de los faraones, a quienes, en su condición de dioses, se atribuía la capacidad de causar las inundaciones para beneficio del pueblo. Los sacerdotes, a su vez, derivaban poder de su capacidad para predecir con precisión el nivel que alcanzarían las aguas, a partir de mediciones con nilómetros ocultos en los templos, y con ello aseguraban el éxito de los cultivos y la sumisión a los dioses.

También de Egipto es la historia de José y la mujer de Putifar. M&aa...

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Germán Márquez

Profesor universitario y doctor en ecología tropical. Publicó en 2008 'El hábitat del Hombre Caimán y otros estudios sobre ecología y sociedad en el Caribe'.

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