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El Malpensante

Coda

Carta abierta a Saif al-Islam Gadafi

Traducción de An

Tras la presunta muerte de Muamar el Gadafi, recordamos esta carta dirigida por un exiliado libio a uno de los hijos del dictador. La misiva, publicada en nuestra edición de mayo, revela las caras opuestas de los últimos cuarenta años de historia en Libia.

© Kate Orlinsky • corbis

 

Saif al-Islam: soy tres años menor que usted. Mi familia fue forzada a abandonar Libia por la costumbre de su padre de colgar a quienes lo contradicen, o torturarlos a muerte en condiciones que la mayoría de las personas cuerdas preferirían ni siquiera imaginar.

Uno de mis primeros recuerdos en Libia es una tarde que veía dibujos animados en televisión, cuando de repente interrumpieron el programa para transmitir imágenes de un hombre que estaban colgando en algún escenario deportivo, mientras los seguidores de su padre competían para mecerse agarrados de sus piernas.

Por mucho tiempo decidí interpretar el comportamiento de esos sociópatas como una forma de piedad desesperada. Me convencí de que intentaban limitar el sufrimiento de la víctima. Pasaron muchos años antes de que entendiera que en realidad llamaban la atención de su padre para demostrarle que eran lo suficientemente despiadados e implacables como para ser considerados verdaderos discípulos de su culto narcisista. Como era de esperarse, su padre recompensó a personas como Huda Ben Amr y Moussa Koussa con poder, riqueza e impunidad.

Mientras recuerdo estas cosas, me pregunto cómo habrá aprendido usted a interpretar la brutalidad de la que fue testigo mientras crecía. Bajo ninguna circunstancia podría culparlo por los crímenes que su padre cometió antes de su nacimiento y durante su infancia. No soy psiquiatra, pero estoy casi seguro de que ser educado por un hombre para quien el asesinato es parte del día a día no es una forma saludable de crecer.

Por eso puedo darle crédito por ser el único de su familia que alguna vez ha expresado tener conciencia de que en el mundo existe algo llamado dignidad humana –así esa conciencia parezca movida por el deseo de asegurar que el país que heredó se vea radiante, nuevo y moderno–.

Mientras usted crecía rodeado de riqueza y seguridad, yo veía a mis padres luchar por criarnos a mis hermanos y a mí en un país extranjero, lejos de todas las personas que habían amado y de las que habían dependido toda su vida. Mientras su chofer y sus guardaespaldas lo llevaban al colegio, mi hermano y yo llegabamos por caminos distintos todos los días para asegurar...

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Alaa al-Ameri

Seudónimo de un economista y escrito Libio. Trabaja actualmente como traductor.

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