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El Malpensante

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Nueva York un año después

Según los profetas del 12 de septiembre del 2001, el mundo no volvería a ser igual después de los ataques del día anterior. Pasado un año, ¿qué tanto ha cambiado el mundo?¿Son otros los Estados Unidos después del llamado "acto de guerra"?

Septiembre 1, 2002: Al borde del primer aniversario y de un ataque de demencia conmemorativa por parte de los medios que podría producirle un shock diabético al país, uno podría retirarse a las colinas como un sabio chino o contemplar por un momento, de cerca o de lejos, la zona cero. No hay nada allí. Se limpió completamente de escombros, de manera que el área ahora sí se parece a su epónimo, la zona cero de un ataque nuclear; casi se puede tocar el espacio vacío que alguna vez ocuparon las torres. Y sin embargo esa nada radical de la escena es tranquilizante: un refugio de silencio, un antimonumento que es el mejor monumento posible, un centro quieto alrededor del cual giran un mundo y un año de locuras incesantes e incesantemente cambiantes.

La obsesión nacional estadounidense desde el 11 de septiembre ha sido el trazado de cómo “nosotros” somos diferentes. Da la sensación de que en todas las revistas, en todos los artículos de periódico —al margen del tema del cual se ocupen: las relaciones conyugales, los juegos de video, las vacaciones de verano, la nueva narrativa— hubiera que incluir por lo menos un párrafo que demuestre que el tema en cuestión, o el futuro del tema en cuestión, ha sido irremediablemente transformado por ese día aciago. “Nosotros” siempre ha sido una generalización inútil en una nación habitada por una gran variedad de gentes que no tienen prácticamente nada en común excepto su afición por la comida rápida y por cierto tipo de bienes de consumo —afición que ahora comparten con miles de millones en otros países que supuestamente no son “nosotros”. De hecho la palabra “americano”, salvo cuando se usa en relación con las políticas del gobierno estadounidense, prácticamente carece de significado: hay demasiadas excepciones a la regla.

En realidad (y para caer también en esta primera persona del plural) no es fácil percibir de qué manera han cambiado las ideas y las actitudes de los americanos desde el 11 de septiembre. Para citar un ejemplo evidente: este verano, más espectadores que nunca fueron al cine a ver explosiones —e incluso, en el caso de El hombre araña, a ver explosiones en Nueva York—, aunque algunos comentaristas aseguraron el 12 de septiembre que nunca se volverían a hacer estas películas porque la realidad había superado la ilusión. Pero a pesar del desastre y de las grandilocuentes interpretaciones culturales, la vida y el ho...

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