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El Malpensante

Reseñas

Atiborrado de estrellas

Big Band Rhytm

Big Band Rhytm & Blues, Jools Holland. Warner, 2001.

“En los últimos veinte años”, dijo solemne el profesor Robert Thompson de la Universidad de Siracusa, “la única entidad capaz de unir a toda una generación fue la televisión”. Y el mercado de la música, habría que agregar, si tenemos en cuenta que estas palabras fueron pronunciadas el año pasado en el marco del vigésimo aniversario del canal MTV.

Pero más allá de esa cadena que pasa videos las 24 horas —y que, en efecto, le dio nombre a una generación—, la alianza entre música y televisión ha demostrado ser arrolladora siempre. Desde los tiempos en que el show de Milton Berle presentaba a Elvis Presley, o Ed Sullivan invitaba a los Beatles, fue claro que la presencia de estrellas musicales aumentaba con creces la sintonía.

En Inglaterra, Jools Holland pertenece a esa estirpe. No la de Elvis y los Beatles sino la de Berle y Sullivan. Es de aquellos anfitriones televisivos que se precian de tener cada semana, para envidia de la competencia, a los mejores invitados musicales. Y como Holland toca un poco el piano —la primera vez que salió en pantalla fue como teclista de la banda Squeeze— puede darse el lujo de alternar con sus invitados, pedirles el favor de grabar, cada uno, una pequeña pieza y al cabo de un año configurar un álbum. Es algo parecido a lo que, guardadas proporciones, sería una antología de Jimmy Salcedo con los invitados más descollantes de su sección “Cante aunque no cante”.

La diferencia es que los invitados de Jools Holland sí cantan. Y lo hacen desde hace mucho rato con indiscutible profesionalismo, varios álbumes en su haber y un lugar ganado en la historia del rock. Jools (curiosa ortografía alternativa del nombre Jules) pone a su disposición una big band, que en realidad es un grupo de rock con refuerzo de cobres, y además del recital televisivo les sonsaca una pieza exclusiva para el disco.

El producto final es interesante porque es un álbum muy variado. Hay altibajos, por supuesto, pero son más las cimas que las simas y la ventaja del compact disc es que se puede programar para que no toque nunca los cortes prescindibles. En su mayoría, los artistas se sienten suficientemente cómodos para olvidarse de su propio repertorio e interpretar, más bien, temas de sus ídolos. Paul Weller ataca con una reminiscencia de un éxito de Billy Preston. Sting y Steve Winwood, sin ponerse de acuerdo, coinciden en rendir homenaje al legendario compositor de blues Willie Dixon. Y Van Morrison elige una ...

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