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El Malpensante

Reseñas

Prueba reina de que los marcianos existen

Heathen, David Bowie

Heathen, David Bowie. Iso/Columbia, 2002.

Sí, lo sé, este párrafo inicial lo han leído innumerables veces pero hay que repetirlo hasta la saciedad porque sencillamente es válido: cuando un artista veterano —de pasado legendario— sobreviviente de todas las guerras, todas las modas y todos los ismos publica un nuevo disco tras años de inactividad, saltan las alarmas de precaución: ¿y si huele a rancio?, ¿y si está dando vueltas y vueltas sobre lo mismo?, ¿y si no se ha enterado de que el arte ya no se escribe con A sino con a? Ahora bien, el asunto puede tornarse todavía más preocupante cuando el regreso supone una dudosa puesta al día de la mano de alguna reluciente figurita del ámbito juvenil: ¿y si pierde lo poco que conservaba de dignidad y credibilidad?, ¿y si lo que fue alguna vez la Historia del Rock se convierte en un episodio más de Creo que no me supe retirar a tiempo? Peor aun: supongamos que a nadie ni a usted ni a mí, es decir, a Nadie, le interese que Tal y Pascual retornen a escena luego de años de ausencia: ¿qué quedó de todo aquello que suponíamos como cierto, como verdad?, ¿a quién culpar de la desilusión que nos embarga al ver a la otrora leyenda derrumbarse en nuestro antejardín?

Casos se han visto, lo juro, pero también hay ejemplos que confirman lo contrario: la mujer, el hombre, la banda, etc., retoman la frase exactamente en el punto donde la habían dejado y terminan llevándola a un puerto desconocido en donde —ya cómodos, ya despojados de urgencias y responsabilidades— extienden su manto sonoro sobre parajes en donde jamás se ha escuchado una guitarra Fender Stratocaster, un loop, una voz única que se eleva al cielo cantando, tra la la. Nos preguntamos entonces, ¿vieron eso?, ¿oyeron eso? y un largo ahhhhhhhhhh se posa sobre nuestra felicidad; la mujer, el hombre, la banda, etc., están de vuelta y en plena forma, tienen algo que decir y lo están diciendo.

Hablo de Bowie, por ejemplo. Hablo de David Bowie —nacido David Robert Jones en el Londres de 1947 pero rebautizado Bowie para evitar confusiones con Dhabi Jones, voz cantante de los Monkees; gulp, por favor tomen agua aunque sea de la llave—, hablo de www.davidbowie.com, del Delgado Duque Blanco, del mimo y el actor, del hombre que se lava las manos y sella el destino de Nuestro Señor en La última tentación de Cristo, del Rey de los Duendes en Laberinto, del vampiro que teme perder su inmortalidad en El ansia, de alguien capaz de mete...

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Carlos Patiño Millán

Es profesor asociado de la Escuela de Comunicación Social en la Universidad del Valle.

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