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Breviario

El sobreviviente

Retrato de un auténtico pub inglés. 

Fachada de un clásico pub londinense © Neil Farrin • Jai • Corbis

 

Cuando uno se acerca de noche a la calle donde vivo, surge como un barco atracado en el muelle la silueta iluminada del pub local, el Prince of Wales.

De día, con sus tres pisos altos, coronados de una fachada falsa, parece más bien una taberna del viejo oeste norteamericano, edificada sin embargo al estilo londinense, de ladrillo rojo con terminaciones color verde oscuro. Está rodeado de todo un barrio de casas chicas y uniformes construidas al mismo tiempo, con una rapidez alarmante, a finales del siglo XIX, para alojar a los obreros que se dirigían en masa a Londres desde el campo, refugiados de la crisis agrícola provocada por las importaciones de trigo de América. En una época en que las clases medias intentaban restringir el consumo alcohólico de los obreros, en pos de la eficiencia económica y la buena religión, éstos reivindicaban triunfalmente su derecho a curarse hasta la ceguera con gin barato, a atiborrarse de anguilas en gelatina, a entonar canciones sentimentales alrededor de un piano cascado. Otro ingrediente se reclamaba también: un ambiente que recordara la vida menos estrecha del campo. A diferencia de las casas circundantes, el Prince of Wales está hecho con amor, con una artesanía digna de un verdadero “palacio del gin”, como solía denominarse a las tabernas londinenses. El bar está en el primer piso; la familia del patrón vive en el tercero; en el segundo no pasa nada, salvo alguna reunión de la rama local del Partido Laborista. En diez años yo nunca he subido por la escalera. No hace falta: en Londres, el mero hecho de que el edificio donde uno está tenga una pieza desocupada y redundante ya es suficiente para producir un escalofrío de placer.

Después del ímpetu inicial de la construcción del barrio, el cambio se hizo lento. El gin ha dado paso a la cerveza, pero el piano todavía se toca, las anguilas se siguen consumiendo. Vendidas en tarros o distribuidas gratis en baldes por ciertos parroquianos en momentos de generosidad, cortadas en trozos color gris con el espinazo adentro, se comen chupando con la máxima delicadeza para evitar que la espina puntuda corte el paladar; la gelatina cede de manera casi imperceptible a la carne apenas m&a...

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Neil Davidson

Autor de 'The Chilean Way'.

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