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Soledad y compañía

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Presentación

Al igual que las botellas de licor y las cajetillas de cigarrillos que traen una advertencia anunciando que su uso es dañino para la salud, Vivir para contarla, el primer tomo de las tan anunciadas y tan esperadas memorias de Gabriel García Márquez, llega con aviso: "La vida”, dice el epígrafe, “no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".

El Nobel tiene toda la razón.

No hay ejemplo que ilustre mejor esta verdad que la tarea que siempre ponen en el primer año de periodismo. "Escriban una nota sobre cualquier accidente automovilístico”, ordena el profesor. Salen los primíparos, libreta en mano, a practicar la fórmula básica del buen periodista: qué, cómo, cuándo, por qué y adónde. Si uno es bueno de verdad, apunta además el color de los carros y el de la camisa del chofer. Al buscar testimonios, se da cuenta en seguida de que hay versiones contradictorias y opiniones variadas hasta sobre los colores. Se aprende así que para escribir una nota periodística –si definimos al periodismo como se define en una sociedad abierta e incluyente, es decir, como una actividad que tiene la obligación y el poder de contar la verdad– se tiene que tener la historia completa, como cuando se cuenta cualquier choque de esquina. Hay que hablar con los dos choferes y con varios testigos: lo que uno vio, no lo vio el otro o lo vio de manera distinta. En suma, tiene siempre que mostrar la contraparte.

En noviembre de 2000 desembarqué en Barranquilla desde Nueva York. Mi misión no era escribir la contraparte de las memorias de García Márquez. Me mandaba una revista millonaria norteamericana, que seguramente no sabía que él mismo andaba en esa época escribiéndolas, para que reconstruyera su vida. Eran los días en que se hablaba de lo enfermo que estaba. Querían la historia oral del realismo mágico como sólo una revista gringa puede querer este tipo de artículos. En las universidades de acá hay clases que dedican todo un semestre a estudiar Cien años de soledad. En la Universidad de Brown, por ejemplo, hay un profesor peruano que pone de tarea hacer un análisis de cuatro cuartillas sobre el significado del hielo en la novela.

Ni loca iba a rehusarme.

Les prometí que no hablaría con ningún profesor. Les conté algunas anécdotas, ya leyendas, con las que crece uno en Barranquilla, sobre todo s...

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