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El Malpensante

Breviario

Tribulaciones de un comentarista de libros

El siguiente texto fue leído por el encargado de las reseñas en la revista Semana durante la pasada Feria del Libro de Bogotá.

Se nos pide, en aras de la concreción, que nos limitemos a dos puntos: criterios de selección y formas de abordar la escritura de una reseña. Voy entonces al asunto sin dilaciones para que en este breve espacio, y así sea un poco de contrabando, tenga tiempo de referirme a algo que me parece capital: qué es un reseñador, cuál es su estatuto. Porque finalmente todo se relaciona.

Bien, ¿cómo escoger un libro? En primer lugar, como lo haría cualquier lector, como alguna vez me dijo Alberto Manguel que operan los lectores: por azar. La clave para encontrar un gran libro desconocido es igual al encuentro con otros seres humanos: un perfume, una cara, un gesto. “El hecho de que nos pisen en el tranvía y de ahí resulte una relación. Todo comienzo es válido”.

En términos prácticos eso quiere decir que debemos ir más allá de los libros que nos envían las editoriales que, por supuesto, manejan sus propios intereses. Hay que ir a las librerías y buscar en los anaqueles escondidos: la vitrina de las novedades se mueve a un ritmo demasiado rápido e injusto. (Aquí quiero hacer un paréntesis: cuando empezaba en este oficio era muy cuidadoso de sólo reseñar libros que tuvieran máximo un mes de haber salido al mercado pero luego comprobé que nadie es muy estricto al respecto y el criterio es bastante amplio: he llegado a leer reseñas de libros con más de un año de aparición, lo cual, por lo demás, me parece muy bien: los buenos libros no envejecen y nunca es tarde para dar noticia de ellos).

Y no sólo hay que ir a las librerías. También hay que estar pendientes de cada uno de los muchos libros que nos envían sin sello editorial, mejor conocidos como ediciones Chez moi. Aunque no lo crean esos autores anónimos, hemos mirado sus libros con cuidado y les hemos dedicado varios instantes de nuestro tiempo. Y no digo “valioso” porque nunca lo he considerado tiempo perdido. Algún día, estoy seguro, ahí encontraremos una obra maestra o, al menos, digna de figurar en la antología de libros rechazados por las editoriales que alguna vez planeó Michel Foucault y que está por hacerse.

En fin, hay que hojear bastante: en materia de libros también es muy cierto aquello de que hay que besar muchos sapos antes de encontrar a la princesa encantada.

Voy a decirlo de una vez: pertenezco al bando de la crítica celebratoria. Sólo vale la pena hablar de aquellos libros ...

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Luis Fernando Afanador

Abogado con maestría en literatura.Codirigió el programa Librovia de la Alcaldía Mayor de Bogotá y fue editor de Semana Libros. Poemas suyos han aparecido en diversas antologías y en 1996 fue finalista en el Premio Nacional de Poesia.

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