Google+ El Malpensante

Artículo

Más libros y menos maestros

Haya o no nuevas tecnologías, para un país es imposible progresar en la educación sin utilizar a fondo el eterno recurso de los libros. En Colombia poco se entiende esta simple verdad.

Al comparar la calidad de la educación colombiana con la de los países más desarrollados, las diferencias principales no están en la diversidad de contenidos, la calidad del equipamiento o la preparación de los maestros. En todos estos aspectos, es cierto, existen grandes atrasos entre nosotros. Pero la diferencia crucial está en el modelo central, en la concepción básica, en el núcleo de la práctica docente que rige en Colombia. En esencia es un modelo basado en la comunicación oral: el profesor “dicta” clase, como todavía se dice con precisión literal, los estudiantes copian en sus cuadernos o, en los sectores donde se usa un texto escolar, en especial en la universidad, éste sirve ante todo como recurso mnemotécnico para no olvidar lo que enseñó el profesor y poder dar cuenta de ello en los exámenes. La visión del proceso educativo es muy pasiva, centrada en la idea de que alguien enseña y alguien aprende, y tiene mucho de alimenticia: los profesores, después de preparar bien sus conocimientos, los entregan a los estudiantes, que los asimilan y digieren con éxito variable.

La ausencia de lectura da su tono a todo el proceso educativo. El desarrollo de capacidades críticas, de formas de pensamiento creador, de sentido de la investigación, de una visión de la ciencia y el conocimiento como proceso abierto y creador, de la habilidad para formular y definir problemas, de estructuras rigurosas de pensamiento lógico, se ve frustrado porque es muy difícil (aunque no imposible: Sócrates mostró que puede educarse rigurosamente con sólo la palabra oral, pero se requiere un gran maestro por cada discípulo) educar en estos campos sin recurrir a la lectura. Y a pesar de la locuacidad reinante en el país, la calidad de la comunicación es muy baja y el idioma oral, escasamente apoyado por la experiencia de ampliación del lenguaje que da la lectura, se llena de estereotipos, lugares comunes, anfibologías, imprecisiones y torpezas.

Además, el aprendizaje de la lectura no puede ser independiente del de la escritura, que tampoco se aprende en la escuela colombiana. Quienes llegan a escribir bien lo hacen por factores no escolares (con excepción de unos pocos colegios) y son una minoría de la población. Éste es un campo en el que la comparación con otras experiencias educativas es ilustrativa: uno podría decir que el objetivo central del sistema escolar francés, hasta la secundaria, es enseñar a los estudiantes a escribir...

Página 1 de 7

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Jorge Orlando Melo

Fue director de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Ha publicado, entre otros títulos, Bibliotecas y educación.

Noviembre de 2002
Edición No.42

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Tres piedritas hepáticas


Por Hernán Bravo Varela


Publicado en la edición

No. 193



De manufactura muy diversa, pero igual de encantadora, este trío de ensayos aborda la música, el cine y el sentido del gusto (incluyendo el gusto por el arte) con un ingenio prodigioso. [...]

Huesos y pelo


Por Pilar Quintana


Publicado en la edición

No. 194



Un cuento  [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores