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Cine

Cenas y escenas

Mis encuentros con Raúl Ruiz

Además de un gran director de cine, el chileno Raúl Ruiz (1941-2011) también fue un gran cultor de los placeres del cuerpo. Poco después de su muerte, otro cineasta lo recuerda como genio y auténtico sibarita.

Fotografía de Nicolás Guerin

 

La primera vez que vi el nombre de Raúl Ruiz fue en 1971 en la revista peruana Hablemos de Cine. Se hablaba ahí de Tres tristes tigres (1968), que de inmediato nos llamó la atención a Andrés Caicedo y a mí por las connotaciones cabrerainfantescas de su título. Había además una fascinante entrevista con Raúl, realizada por Federico de Cárdenas, que incrementó nuestro interés por ver esa película mítica. Ningún director latinoamericano se expresaba como él.

No obstante, pasaron varios años antes de que pudiera realizar mi deseo. La primera película de Raúl que vi fue La vocación suspendida (1978), recién llegué a París ese mismo año. Su nombre se había quedado en mi memoria y ése fue el pórtico para comenzar a recorrer su filmografía infinita, que en el momento de su muerte, el 19 de agosto de este año, sobrepasaba las doscientas obras, entre largometrajes, mediometrajes, cortometrajes, series de televisión e instalaciones. Luego vi Diálogos de exiliados (1975), inversión libre del texto del mismo nombre de Bertolt Brecht, que Raúl filmó a los pocos meses del golpe de Pinochet y de su arribo a París. La película, mezcla de ficción y documental, venía precedida por la polémica que causó su prematura y profética visión, no exenta de fina ironía, de lo que iba a volverse el exilio para muchos latinoamericanos. Todos los cineastas Patria o Muerte le cayeron encima a Raúl por burlarse de los exiliados políticos en París, pocos meses después del golpe de Pinochet.

En el marco del Festival de Cine de París pude ver La hipótesis del cuadro robado (1979), en la cual Raúl continúa la exploración que comenzó en La vocación suspendida del universo klossowskiano. En sus escasos 65 minutos nos plantea un enigma que puede o no tener solución según el rol que asuma el espectador. Los cuadros del pintor imaginario Tonnerre son recreados en preciosos tableaux vivants por el cineasta y su director de fotografía Sacha Vierny. A la salida del filme, en compañía de Hernando Guerrero, descubrimos a Ra&u...

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Luis Ospina

Co-director del documental 'Agarrando pueblo', director del Festival de Cine de Cali. En 2010 obtuvo el Premio Nacional Vida y Obra, otorgado por el Ministerio de Cultura, por toda una vida dedicada al cine.

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