Google+
El Malpensante

Política

Tortura

Repaso histórico de una práctica estéril

Traducción de Andrea Garcés

A pesar de la firma de tratados y de la conciencia de su inutilidad, la tortura continúa siendo una práctica frecuente, legitimada por algunos líderes políticos y militares. ¿Qué hace tan difícil abandonarla?

Ilustración de Sergio Membrillas

 

En 1849 los pacifistas sentían que la historia estaba de su lado. El año anterior, una serie de revoluciones idealistas había sacudido los regímenes autocráticos de Europa, dando como resultado la ampliación del sufragio universal en muchos países y extensas reformas constitucionales en Dinamarca y los Países Bajos. Cientos de intelectuales, filántropos y políticos se habían reunido en Bruselas para discutir cómo poner fin a las guerras, abogando por la imposición de límites armamentísticos y restricciones a los préstamos militares. En agosto de ese año, cerca de mil delegados de Europa y Norteamérica coincidieron en París para promover su proyecto de acabar con el “sistema de guerras” y reemplazarlo por el fallo racional de un Congreso de Naciones.

“¡Llegará el día en que los cañones sean piezas de museo, como lo son ahora los instrumentos de tortura, y nos asombremos al pensar que esas cosas alguna vez existieron!”, dijo el escritor francés Victor Hugo a los delegados reunidos en París.

Sin embargo, los pacifistas se decepcionarían. La Guerra de Crimea –un conflicto de escala continental a pesar de su nombre– estalló cuatro años después, matando a 400.000 personas y anticipando el horror que la industrialización llevaría a los campos de batalla de la Guerra Civil Americana, la Guerra Franco-Prusiana y la Primera Guerra Mundial. El siglo XX vería más muertes causadas por la guerra que ningún otro en la historia, y los primeros años del siglo XXI prometieron que las muertes continuarían a ritmo acelerado.

Pero Hugo tenía razón en algo: la tortura, como materia de Estado y política militar, ciertamente había desaparecido del mundo occidental. El uso de la coerción física para obtener información o doblegar a un sujeto había perdido aceptación en Europa por muchas razones; la aparición de los intelectuales de la Ilustración, un cambio de actitud respecto al tratamiento de los prisioneros en el campo de batalla y la aparición de nuevas formas de pensar entre los médicos eran algunas de ellas. Para 1851, todos los países de Europa habían prohibido por ...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Colin Woodard

Colabora con las revistas Down East y The Chronicle of Higher Education

Septiembre de 2011
Edición No.123

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Con la de palo


Por Fernando Sorrentino


Publicado en la edición

No. 204



En la vida como en el fútbol, las peores patadas son las que se devuelven. [...]

La parranda tiene nombre, se llama Roberto -El turco- Pavajeau


Por Luis Felipe Núñez


Publicado en la edición

No. 205



La sombra de un árbol es el escenario perfecto para este concierto de historias. En las del Turco florecen –casi siempre de parranda– los nombres de intérpretes legendarios, [...]

Mecenas malpensantes


Por El Malpensante


Publicado en la edición

No. 207



Agradecemos a todos los que nos han apoyado a través de nuestro Fundraising. Recuerde que puede hacer su donación aquí [...]

El Capote


Por


Publicado en la edición

No. 204



De los mejores de la literatura rusa. (Cuento no incluido en la edición impresa) [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores