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El Malpensante

Columna

La doctora

Una reconocida bloguera británica parece resolver en esta rara historia la distancia que separa a la prostitución de la ciencia.

Billie Piper, en una escena de Secret Diary of a Call Girl © The Picture Desk • Kobal Collection • AFP

 

Hay una actriz británica que no me gusta. Esto es completamente irrelevante para el mundo entero y además una rareza en mí, pues sufro de una anglofilia inexplicable y vergonzosa de la que no me he podido curar, ni siquiera sabiendo de la perfidia colonialista de los ingleses, de sus facciones deslavadas, su comida horrenda y su papel en las guerras del opio. En fin, la única actriz británica que no me gusta se llama Billie Piper y, para mi desgracia, protagoniza una serie que pillé in medias res en el cable. No es reciente, pero yo no sabía y se me amargó un poco el mando a distancia porque, aunque es bastante mala, tuve que quedarme pegada y verla: se llama Secret Diary of a Call Girl y pronto me di cuenta de que esa historia yo la conocía.

Y claro que la conocía. Hacia 2003, cuando los blogs eran lo nuevo, a veces leía uno que parecía ser el diario de una inglesa presumiblemente joven y educada; era un blog anónimo, parco, sin fotos, sin diseño ni vínculos, como ya era costumbre. Bajo el título de Belle de Jour, la mujer, que escribía una entrada casi todos los días, y muy bien escritas, contaba su vida como prostituta de lujo en Londres.

No era la única (también estaba Washingtonienne, la asistente de un senador estadounidense que hacía horas extras en el ring de cuatro perillas), pero los diálogos de Belle con sus amigos, sus descripciones de la gente que veía al pasar, su opinión sobre el helado de chocolate y el helado de vainilla, el modo tan técnico en que hablaba de su ropa de trabajo, sus referencias literarias (citaba a Phillip Larkin y una vez escribió reproduciendo una conversación con uno de sus clientes, un escritor superventas: “¿No era Dashiell Hammett el que decía que los hombres les pagan a las putas, no por hacer lo que hacen, sino por irse inmediatamente después?”), los problemas con su novio, y sobre todo el respeto que demostraba por sus clientes de gustos más bizarros, conformaban unas entregas sorprendentes, agudas, muy naturales, con un estilo completamente desapegado pero no cínico, nunca procaz –y esto es gracia–, además de la atracci&o...

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Dirige el Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Tiene una editorial que se llama Libros del Laurel

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