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El Malpensante

Breviario

La ley del mercado

¿Qué inesperados caminos puede tomar la compra de una bicicleta? Sin llegar muy lejos, el autor se estrella con las formas de sapería que parecen regular las ventas en internet.


© Poodles Rock • Corbis

 

Primera vez en la vida que me echan de un lugar.

Lo que en más de cincuenta años nunca hicieron mi familia, ni mi club, ni mis patrones, ni las parejas que tuve, ni los lugares públicos que frecuenté, ni las autoridades del país en el que vivo y de los que visité alguna vez, lo hizo por fin MercadoLibre, una de las comunidades modelo que el mundo virtual exhibe a la hora de proclamar las virtudes, la eficacia y la tasa de civilización de las formas de organización de intercambios online.

Supe que MercadoLibre me había excomulgado cuando entré a mi cuenta (abierta un mes atrás para comprar una bicicleta usada) y me topé con una leyenda que decía: “Tu cuenta se encuentra inhabilitada para operar”. Además de la contrariedad, francamente inesperada, me molestó en particular el tuteo: siempre es desagradable que te traten con confianza para darte malas noticias. Pero así se presentan las comunidades virtuales: informales, juveniles, relajadas. Penalizan como cortes marciales o bancos, con severidad y sin apelación –no hay un solo lugar en todo MercadoLibre donde el ex usuario pueda reclamar por la inhabilitación–, pero impostando el tono cool de una boutiquera de Palermo Viejo que estudia artes. Al parecer me habían inhabilitado la cuenta porque “mi reputación” no superaba “el mínimo solicitado para operar”.

MercadoLibre es un mundo de compra y venta, circulación de mercancías, encuentros entre vendedores y compradores, precios y subastas, ofertas y contraofertas. Pero es un mundo tan moral como comercial –un mundo moral-comercial: como el Veraz, digamos–, y la “reputación” es la piedra de toque que hace girar todo el sistema. Toda reputación (de vendedores y compradores) descansa en un sistema de calificaciones ternario (“positiva”, “negativa”, “neutral”) usado por unos y otros para ponderar recíprocamente sus conductas.

Las mías, parece, habían sido una catástrofe. Los dos vendedores de bicicletas con los que había hecho contacto me habían calificado negativamente. Dos intervenciones: menos dos puntos. Todo un récord. Un boletín doblemente humillante porque yo, a mi vez, los hab&ia...

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Alan Pauls

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