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Breviario

¿Y leer para qué?

Como alternativa a las monótonas estrategias de promoción de la lectura, quizá la televisión pueda ofrecer algunas útiles lecciones.

Recuerdo, de la televisión de mi infancia, un programa del canal once en que aparecía Ricardo Garibay hablando de libros. Era un programa extraño, y según lo que recuerdo debía ser malísimo como televisión, con Garibay sentado detrás de una mesa, leyendo algunos párrafos, hablando despacio, sin parar, con la cámara fija. No duraba más de quince minutos: a mí me resultaba fascinante. Más o menos de ese tiempo, acaso algo más tarde, recuerdo también el programa de Juan José Arreola, en el canal dos. Tenía algo más de agilidad, tanto por los movimientos de la cámara como por el histrionismo de Arreola, por la variedad de las locaciones. Pero era igualmente una rareza.

No sé si alguien haya descubierto la lectura o se haya aficionado a la lectura a partir de aquellos programas. Honestamente, lo dudo. Pero pienso que no tiene importancia, porque no se trataba de eso. Eran como desgarrones, repentinas roturas en el terso transcurrir de la tele, fascinantes sobre todo porque estaban absolutamente fuera de lugar. Porque trataban de poner en cuadro la lógica de los libros –palabras, palabras, palabras–, y eso no puede ser. Insisto: como televisión, eran malísimos. Pero estoy convencido de que por eso funcionaban (para lo que podían funcionar). Yo siempre prefería el eterno malhumor de Garibay, áspero y regañón y enfático, pero me divertía también enormemente la extravagancia de Arreola; recuerdo, no sé cuántos años después, la impresión que me produjo Garibay leyendo el Cantar de los Cantares, y mi propia lectura, inmediatamente después: había que leer aquello, y recuerdo también unos versos de sor Juana recitados por Arreola en algún claustro del Bajío (con una absurda toma en contrapicado, por cierto).

Pienso en aquello mientras leo las noticias sobre el programa de promoción de la lectura del gobierno del Distrito Federal: “Leen más de 10 mil en Ángel de la Independencia”, dice El Universal. Me pregunto qué significa eso: diez mil personas en Paseo de la Reforma, el secretario de educación de la ciudad, y unos cuantos actores, actrices de televisión, locutores y futbolistas, todos leyendo... Me pregunto si eso puede tener alguna consecuencia, algo más o siquiera algo equivalente a lo que pudieron lograr los monólogos de Arreola y Garibay. Y no.

La mayoría de los programas de promoción de la lectura son inútiles. No sirven para q...

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Fernando Escalante Gonzalbo

En 2007 publicó 'A la sombra de los libros: Lectura, mercado y vida pública'.

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