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Tres rostros de la Habana

(Una guía)

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Yo he conocido Cuba tarde y mal.
Si la hubiese conocido antes mi vida hubiera cambiado.
Cuba es una isla pequeñísima y una potencia
en cosas que me importan muchísimo,
en lo musical, sexual y político.

Joaquín Sabina


Ya era hora de salir del país, faltaba más, 30 años cumplidos y el viaje más largo de mi vida había sido al Cabo de la Vela: 19 horas sentado en un bus del Rápido Ochoa y luego otras cuatro en una camioneta cruzando el desierto de La Guajira. Por su parte, Gloria, mi esposa, había estado en Ecuador haciendo un documental, pero cruzó la frontera por una trocha y no le sellaron el pasaporte, por lo que podría decirse que entró a ese país por “el hueco”: no cuenta. Escogimos Cuba para acabar con nuestra virginidad de fronteras, con la disculpa de asistir al 23 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Además, había que visitar la isla antes de que alguien llegara y mandara a parar al Comandante, pues Cuba sin Fidel será Aruba. Uno se trae pocas cosas de La Habana, pues el comercio allí es escaso; en cambio, se trae imágenes, sonrisas, olores; o rostros. He aquí tres.


Leo

Leo tiene una sonrisa que casi ocupa su rostro, si no fuera por los ojos brillantes y saltones que no quieren perderse nada, y que roban la atención de quien lo mira. Viste una camiseta naranja ajustada, jeans negros adornados —que no atados— por una correa gruesa y zapatos nuevos de punta cuadrada. Está sentado al lado de nosotros en el Café O’Reilly. Aunque su vestimenta no lo diga, sabemos que es cubano, como sus amigos, porque se quedan mirando todos cuanta turista pasa a esa hora por la calle que lleva el mismo nombre del café, comentan, coquetean y a las más atractivas las califican de “abusadoras”.

Leo se acerca a nuestra mesa a pedirnos el mechero para encender un cigarrillo. Esto es de lo más frecuente en La Habana, pues un mechero aquí es artículo de lujo aunque cueste 50 centavos: puede pasarse uno un día entero entrando a cuanto local encuentre buscando uno, y salir siempre manivacío. Además, pedir encendido es la excusa perfecta para ligar en una ciudad cuya mitad de la población vive de eso, mientras la mitad de los turistas la visitan para ligar y para que los liguen.

—¿Colombianos? ¡Oh! ¿Puedo sentarme con ujtedes?
Tiene 28 años y se ha casado hace un par de meses con una española. El...

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Camilo Jiménez Estrada

Fue editor de 'El Malpensante', y jefe de redacción de la revista 'SoHo'. Desde 2007 administra el blog de contenido literario El ojo en la paja.

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