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Portafolio gráfico

La calle

Estampas para recordar a Bogotá

La Librería Camacho Roldán editó una serie de libros bajo el título Colombia país de ciudades, el volumen dedicado a Bogotá contenía textos de la época. Al final, un joven reportero llamado Gabriel García Márquez firmaba un vívido retrato del día a día en las calles de la capital de la república basándose en imágenes de fotógrafos destacados.

 

Así era nuestra ciudad, nublada y lluviosa, a solo 500 metros por debajo de las nieves perpetuas. Había una torre central, con un reloj, y una calle central cuyos transeúntes de paraguas al brazo vestían de colores oscuros, hablaban en voz muy baja y se iban a la cama a las ocho de la noche.

Éramos, se decía, un millón de personas, que nos las arreglábamos de muchos modos para vivir. Teníamos una manera muy propia de estar alegres: los días de fiesta íbamos a misa, tocábamos campanas y quemábamos pólvora en los suburbios. Era la pirotecnia de la felicidad...

 

 

…en la mañana había una hora que parecía puesta entre paréntesis en el tiempo: la hora del café. En el paralelo 5, a la misma altura en que los aborígenes de Nueva Guinea se alimentaban de carne humana y se fumaba opio en Singapur, hombres solemnes vestidos con demasiada corrección hablaban de un tema que en nuestra ciudad era siempre nuevo y siempre primitivo: la política...

 

 

…durante muchos años, los visitantes extranjeros anotaron en sus diarios una comprobación que año tras año habían registrado las estadísticas: había más hombres que mujeres en las calles. Pero nosotros nos dolíamos de que no existiera una estadística de la casualidad. Entonces hubiera podido comprobarse que en un instante fugaz y asombroso pasó por las calles de la ciudad la mujer más bella del mundo.

 

 

Había una cierta dureza en nuestra manera de progresar. Lo hacíamos a saltos, sin estar muy seguros de dónde iríamos a caer. Pero solo así podíamos hacerlo, y así habíamos llegado a ser una ciudad moderna con el pasado a la vuelta de la esquina. Ni siquiera nos sorprendíamos de que un día los niños nos preguntaran, perplejos, por qué se habían vuelto tan siniestros los bomberos...

 

 

...como todos los habitantes de las ciudades civilizadas de aquel tiempo, nos preocupaba más la actualidad que el futuro. Sabíamos, con pocas horas de diferencia, cu&aac...

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Comentarios a esta entrada

leidy Salamanca

Mi Bogotá hermosa, ayer de rolos, hoy multicultural

Su comentario

Gabriel García Márquez

Es el más grande escritor de la literatura colombiana, premio Nobel de Literatura en 1982.

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