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La glándula poética

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Alfred Edward Housman, en Nombre y naturaleza de la poesía, afirma que la actividad poética constituye un proceso involuntario al que él no vacilaría en considerar como una simple secreción. Se escribe poesía del mismo modo como un árbol secreta trementina o como una ostra produce una perla. El origen de la inspiración poética, pues, estaría asociado con movimientos fisiológicos tan concretos como un ardor, o —según sus propias palabras— “como una ebullición en la boca del estómago”. Es probable que el pensamiento tenga que ver con el cerebro, como siempre se ha dicho, pero la poesía, por su parte, pertenece por completo al sistema digestivo.

La estimulación de la glándula poética, según Housman, puede desencadenarse con un acto tan simple como el de beber una pinta de cerveza a la hora del almuerzo. Una vez sedado el cerebro por acción del alcohol, la secreción poética se torna más fácil. Lejos del riguroso control de la razón, el órgano adenoso se regula de modo autónomo e independiente. Aunque el poeta inglés no adelanta nada más al respecto, cabe suponer, por ejemplo, que la disfunción glandular podría originar cálculos poéticos, es decir, esas piedrecillas duras y homogéneas que en la actualidad suelen pasar por poemas breves. Pese a que esta actividad puede contradecir la secreción propiamente dicha, cuenta no obstante con seguidores, y algunos llegan hasta a considerar la producción de cálculos como el objetivo primordial de la glándula poética. El poeta enfermo, aquejado de fuertes dolores excretorios, recibe altos elogios de otros poetas y de expertos en el tema. En algunos casos, el valor de la obra se mide en relación con el sufrimiento que haya podido generar la obstrucción de un conducto orgánico. Los implicados en el asunto se resisten, desde luego, a expresarlo en términos tan patéticos, y optan, en cambio, por hablar de una metafísica de la creación, que no consiste en nada distinto de una simple endocrinología poética. El padecimiento se toma en abstracto, y la disfunción no se entiende como un mal sino como una elección de los dioses. Por lo general, el poeta en mención suele exhibir el cálculo ante el público, con la satisfacción de haber alcanzado un trofeo, y pocos lo guardan con discreción en el mismo frasco donde se lo ha entregado el médico.

El funcionamiento anómalo de l...

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Jaime Alberto Vélez

Fue escritor y profesor de la Universidad de Antioquia. Escribió en El Malpensante la columna Satura durante casi cuatro años.

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