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Cómo lidiar con la teología política

Traducción de Margarita Valencia

Así como se oye: la teología política, y no la separación de Iglesia y Estado inventada por Occidente, es la forma primordial del pensamiento político en el mundo.

Fotografía de Sébastien Désarmaux

Entre las muchas paradojas que hoy dominan las relaciones exteriores de Estados Unidos, sobresale una. Se relaciona con la imagen que la nación tiene de sí misma y por ende con la religión. Por una parte, Estados Unidos es sin lugar a dudas la nación más religiosa del Occidente moderno, y también la más poderosa. Por la otra, sus políticas exhiben una inmensa incapacidad de comprender las pasiones religiosas que dominan la política mundial contemporánea y mucho menos de lidiar con ellas. Uno pensaría que el reconocimiento colectivo de la legitimidad de la religión en la organización política contemporánea nos habilita a los americanos para adaptarnos a la situación actual mejor que cualquiera de las otras naciones occidentales, mucho más seculares. Pero éste no es el caso, y resulta fundamental que entendamos por qué.

La trampa de la tolerancia
Vistos con un poco de perspectiva histórica, los debates que hoy se dan en Estados Unidos en torno a la religión y la política resultan sorprendentemente provincianos. Desde la cátedra, en la palestra o en los medios impresos, volvemos siempre a los mismos temas básicos: la tolerancia, la separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de reunión y de conciencia, los valores, la comunidad y unos pocos más. Estos términos reflejan nuestra forma de ver los fenómenos religiosos aquí y en el exterior y moldean nuestra percepción de los mismos. Leímos a Tocqueville y sabemos cuán profundamente arraigadas están estas ideas y categorías entre nosotros. Muchos de los primeros colonos llegaron aquí huyendo de la intolerancia religiosa y de la persecución, así que el establecimiento de un marco constitucional que garantizara la tolerancia y la separación del Estado y la Iglesia era prioritario. No hay nada más profundamente enraizado en nuestra conciencia colectiva.

Pero parecemos olvidar cuán irrepetibles fueron las circunstancias que hicieron posible el fortalecimiento de este paquete compacto que forman la política y la religión americanas. Y quizás sea el momento de rescatar la muy americana idea de la singularidad, tan necesaria hoy, y de recordar algunas cuestiones básica...

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Es profesor de Humanidades en Columbia University.

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