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Reseñas

Genios y figuras

For the Stars, Anne Sofie von Otter y Elvis Costello. Deutsche Grammphon, 2001.

El hombrecito no prometía pero actualmente es considerado como una de las personalidades más respetables de la industria musical, ya sea como cantante, compositor, productor o arreglista. Hurguemos en ese tarro de desperdicios que es el pasado y saquemos a la luz tres de sus prendas vergonzantes: a los 24 años, borracho, llamó “negro ciego e ignorante” a esa leyenda que responde al nombre de Ray Charles y proclamó que la música negra norteamericana era “estúpida”; en plena efervescencia punk, le apostó su suerte a la new wave, un sonido igualmente enérgico pero muchísimo más conservador y muchísimo menos sorprendente; en tercer lugar y para poder sobrevivir, no dudó un labial en trabajar como programador de computadores en una fábrica de Elizabeth Arden. Hoy en día —muchos años después de sobrevivir a tantos pelotones de fusilamiento— aquel hombrecito no sólo ha rectificado el camino, sino que ha señalado varios senderos inéditos: en primer lugar, se ha disculpado públicamente por insultar la historia; en segundo lugar, ha saltado de trabajar con un cuarteto nuevaolero llamado The Attractions a colaborar con otros, clásicos, bautizados Brodsky o Fleshquartet (además de haber realizado sendas aventuras discográficas junto a legitimadores profesionales como Paul McCartney, Burt Bacharach o Bill Frisell); en último término, les ha pintado la boca a aquellos que no confiaron, de entrada, en su inmenso talento. Acaso allí, en esa capacidad de reinventarse continuamente para poder seguir siendo el mismo de siempre, resida el irresistible encanto de Elvis Costello.

Dicen los testigos que su padre y madre lo bautizaron como Declan Patrick Aloysius MacManus en 1955 y que desde joven mostró visos de contradictoria genialidad. Empero, sus primeros pasos, musicalmente hablando, los dio en la compañía de una olvidable banda aficionada con quienes llegó a Ningunaparte. En 1977, ya renacido como Elvis Costello y de la mano de Nick Lowe, publicó su primer álbum My Aim is True, disco que levantó cejas pues sólo a un atravesado se le podía ocurrir que era posible enfrentar la rabiosa fiebre de la época, el punk, con un puñado de melodías cantadas por una voz masculina que recordaba, por momentos, el suave vibrato de Dionne Warwick. El resto es ropa vieja —ya se ha lavado tantas veces y se ha repetido en tantas revistas que corre el riesgo de descoserse ante vuestros ojos— así que digamos que Costello pasó de se...

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Carlos Patiño Millán

Es profesor asociado de la Escuela de Comunicación Social en la Universidad del Valle.

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