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Breviario

Meseros de combate

Una curiosa propuesta sobre cómo resolver la inseguridad en Mexico y, de paso, la mala atención en los restaurantes. 

© John Joven

Los graves problemas de seguridad que enfrenta el país requieren de novedosa solución. No hay cuerpos policiacos confiables y resulta imposible capacitarlos en tiempo récord. Mientras el crimen asume estrategias progresivamente sofisticadas, la inteligencia mexicana detiene turrones y jamón en las aduanas y deja pasar armas de largo alcance.

Curiosamente, ya tenemos un sector bien entrenado como cuerpo de persecución y seguridad que por el momento se desempeña en el giro inapropiado. Me refiero a los hombres que trabajan en los restaurantes con entregado ánimo de guerra.
Aunque el fenómeno es típico de la capital, lo he apreciado en algunos restaurantes de postín de la república. Lo cierto es que la hostelería nacional ha cambiado sus costumbres. Durante años, los meseros fueron personas que atendían al cliente a un ritmo acorde a la masticación y la preparación de los platillos. En las fondas, las cantinas, los sitios de comida corrida, las cafeterías y los restaurantes más tradicionales o en verdad selectos esto sigue siendo así. Sin embargo, los sitios pretenciosos se han “modernizado” con un personal que no llega a ayudar a la mesa sino a vigilarla. Esa gente no está de tu parte sino de la de una superioridad desconocida. Si pides agua, es incapaz de traer del filtro (la jarra de la casa es una bendita cortesía que ya solo algunos recuerdan). Ahora recibes una horrenda y costosa botella de plástico. Si dices: “la pedí sin hielo”, el mesero arroja los hielos en su charola. Aunque te está haciendo caso, la forma estruendosa en que ejecuta su misión es la de un subordinado que descarga su arma. ¿Quién dijo que comer es pacífico?
La máxima señal de alerta es la siguiente: en cuanto dejas de mover los cubiertos, una mano persecutoria te retira el plato. Poco importa que aún quede la parte más sabrosa del guiso, reservada como último bocado. Ante la pausa del tenedor, el vigilante actúa. Lo mismo ocurre con el último trago de la copa. Quienes favorecen la variante blanca del vino o del tequila están en peor situación: los meseros no distinguen las gotas finales. En ocasiones, el guardia al menos pregunta: “¿Me llevo su copa?”. Esto permite retenerla, pero no quita la sensaci&oac...

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Ganó el Premio Herralde en 2004 por su novela 'El testigo'. Su última publicación es el ensayo 'Balón dividido'.

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