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El Malpensante

Breviario

Ropa interior mojada

Una anécdota de bragas y sujetadores mojados

Este artículo se publicó por un acuerdo de colaboración con la revista digital www.fronterad.com


Estábamos arreglándonos para una recepción oficial en casa del embajador, que es como llamamos al botellón fino, en casa de alguien, y al ir a elegir ropa mi chica levantó un par de sujetadores con las manos y los encontró húmedos.

Fue un suceso que nos conmovió un poco a todos. Siguió revolviendo entre bragas y medias, casi enloquecida, y notó aquello algo mojado, como si hubiese llovido en casa.

Me llamó a los gritos y me dirigí al cuarto arrastrando los pies. “Oye, ¿tú sabes por qué está esto mojado?”. Di vueltas alrededor del cajón de la cómoda con semblante circunspecto tratando de pensar algo de cierta profundidad, porque a mí los problemas irresolubles me producen una pereza terrible, y sentencié de golpe: “Aquí meó Cote”. Fue escuchar “Cote” y el perro vino corriendo hacia la habitación para sentarse entre los dos, esperando salir a dar un paseo o lo que sea que esperan los perros cuando escuchan su nombre. Calculé un metro de distancia entre el cajón y el suelo, así que para que Cote pudiese mear allí tendría que dar un buen salto, mantenerse en el aire, tirar del pomo y soltar la meada tremenda que había empapado la ropa interior.

Yo había visto a Cote hacer cosas extraordinarias, pero aquello me empezaba a sobrepasar, así que dirigí rápidamente la culpa hacia la comunidad, que es un género que me tiene loco. “Nos entra agua”, comenté mientras salía de allí.

Aquel misterio se aplazó. Los dos lo dejamos pasar un poco inquietos y nunca volvimos a hablar del asunto, como cuando muere de repente un familiar odiado. “Cousas do demo”, zanjan en el pueblo. Pero al cabo de varios meses me desperté y encontré a mi pareja alucinada delante del cajón levantando sujetadores como si estuviese en la feria. “Están todos empapados”. Abrió y cerró los cajones de la casa en un Poltergeist salvaje y no encontró humedad en ninguno. La pared daba al exterior de la fachada y por allí no pasaban cañerías ni tampoco había llovido.

Yo empezaba a pensar que aquello era un guiño de Dios para que mi chica saliese siempre de casa sin ropa interior. Le dimos todas las vueltas de las que fuimos capace...

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Manuel Jabois

Es periodista del Diario de Pontevedra. Colabora con los periódicos El Progreso y De Luns a Venres, y con la revista de humor Retranca. Es premio nacional de periodismo Julio Camba.

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