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El Malpensante

Artículo

Contra Linneo

Cuatro contras

Traducción de Andrea Garcés

Como si imitara a las plantas, la botánica se mantuvo casi inmóvil durante siglos. Cambios recientes cuestionan las raíces de la disciplina.

 

Fotoilustración de Pete McArthur 

 

Vitoria-Gasteiz, la capital del País Vasco, tiene este año el honor de ser la Capital Verde de Europa 2012, un título que se ha ganado en gran medida por tener “una alta proporción de zonas verdes públicas, que asegura a toda su población vivir a 300 metros o menos de una zona verde abierta”. Esta condición la hace uno de los lugares más propicios del continente para pensar y revaluar la relación del hombre con las plantas.

Sin embargo, en el marco de la crisis económica que ha golpeado a Europa, los encargados de las políticas públicas han relegado las iniciativas culturales y ecológicas a una larga espera por considerarlas superfluas e insignificantes; esto aplica también para las plantas mismas, en tanto las tratamos como meros ornamentos o como posibles fuentes de recursos, pero siempre como un telón de fondo que pasa desapercibido en nuestras vidas. Así las cosas, no sorprende que casi nadie haya notado una verdadera revolución que acaba de ocurrir en el mundo de la botánica: en su nueva versión, vigente desde el 1° de enero de 2012, el Código Internacional de Nomenclatura Botánica abandona el requisito de describir en latín las especies recién encontradas y lo reemplaza por “afirmaciones descriptivas en inglés” 1.

En cualquier otro campo académico, un cambio semejante en metodologías con siglos de antigüedad –en este caso se remontan al menos hasta Carlos Linneo y son rastreables hasta el naturalista romano Plinio el Viejo– habría causado gran controversia y habría sido sometido al escrutinio público. Sin embargo, cuando se habla de botánica las cosas son distintas. Aparte de unos pocos entusiastas, el público sigue siendo bastante indiferente frente a las plantas, que si bien estimulan la imaginación poética y artística no estimulan nuestro intelecto, y mucho menos producen respuestas morales como la indignación que suscita el sufrimiento animal. Quienes desprecian el trabajo vanguardista de neurobotánicos y científicos relacionado con “estudios sobre la inteligencia de las plantas” continúan atribuyéndoles el tipo de inmovilidad e insensibilidad que convierte a la vegetaci&oacut...

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