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El Malpensante

Artículo

Contra los museos modernos

Cuatro contras

Traducción de Andrea Garcés

¿Cumplen realmente los museos modernos su papel como nuevas iglesias de Occidente? ¿Qué podrían aprender de sus predecesoras?

Fotoilustración de Pete McArthur

 

Amenudo escuchamos decir que “los museos son nuestras nuevas iglesias”. En un mundo que busca secularizarlo todo, el arte ha reemplazado a la religión como piedra angular de nuestra reverencia y devoción. Se trata de una idea intrigante que hace parte de una ambición más amplia: que la cultura reemplace a las Escrituras. Sin embargo, por la forma en que manejan las colecciones que les son confiadas, en la práctica los museos de arte a menudo renuncian a una porción muy grande de su potencial de funcionar como nuevas iglesias (santuarios, lugares de consuelo, significado, redención). Si bien los museos nos exponen a objetos de una importancia indiscutible, parecen incapaces de enmarcarlos de tal modo que se vinculen con suficiente fuerza a nuestras necesidades personales.

El problema es que los museos modernos no logran decirle directamente a la gente por qué el arte importa, y la razón es que la estética modernista (en la que se entrenan los curadores) sospecha profundamente del menor atisbo de una aproximación instrumental a la cultura. La posibilidad de obtener una respuesta a la pregunta de por qué es importante el arte, a la que todos podamos acceder, es vista de inmediato como “reduccionista”. Nos hemos tragado con demasiada facilidad la idea modernista según la cual el arte que tiene como objetivo cambiar o ayudar a consolar a su audiencia es por definición “mal arte” (se cita rutinariamente al arte soviético como ejemplo), y que solo el arte sin un objetivo muy definido puede ser bueno. De ahí la pregunta con la que abandonamos los museos modernos con demasiada frecuencia: ¿qué significa eso?

¿Por qué debería continuar esta veneración de la ambigüedad? ¿Por qué la confusión debería ser una emoción estética central? ¿Es realmente la ausencia de intención, por parte de una obra de arte, un signo de su importancia?

La cristiandad, en contraste, no deja duda alguna de para qué es el arte: es un medio para enseñarnos cómo vivir, qué amar y a qué temer. Este tipo de arte es extremadamente simple en cuanto a su propósito, sin importar qué tan compleja o sutil sea su ejecución (Tiziano, por ejemplo). El arte cristiano suma montones de...

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