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Coda

Reglas para la libertad de prensa

Traducción de Emanuelle Pinault

En 1939, Albert Camus intentó publicar una defensa de la libertad de prensa en el diario argelino Le Soir Républicain, del cual era jefe de redacción. El artículo fue prohibido y permaneció inédito hasta hace poco. Tras más de setenta años, y aunque los medios han sufrido cambios jamás imaginados, las reflexiones del autor francés siguen vigentes.

Ilustración de Baptisão 

 

Hoy en día, es difícil evocar la libertad de prensa sin ser tildado de extravagante, acusado de Mata-Hari o señalado como sobrino de Stalin.

Sin embargo, esta libertad es solo una entre las varias caras de la libertad a secas, y nuestra terquedad en defenderla puede ser entendida si se admite que no existe otra forma de ganar realmente la guerra.

Desde luego, toda libertad tiene sus límites, pero estos deben ser libremente reconocidos por todos. De los obstáculos actuales que pesan sobre la libertad de pensamiento ya lo hemos dicho todo, y no nos cansaremos de seguir haciéndolo hasta la saciedad. En particular, jamás estaremos suficientemente sorprendidos de que, una vez impuesta la censura, la reproducción de los textos publicados en Francia, y aprobados por los censores metropolitanos, le sea prohibida a Le Soir Républicain. Al respecto, el hecho de que un periódico dependa del genio o de la capacidad de un hombre es la mejor prueba del grado de inconciencia al que hemos llegado.

Uno de los buenos preceptos de una auténtica filosofía es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un hecho que ya no puede ser evitado. En Francia, hoy en día, la cuestión ya no es saber cómo preservar la libertad de prensa, sino buscar cómo, ante la supresión de estas libertades, un periodista puede seguir siendo libre. El problema ya no le interesa a la colectividad, sino que concierne al individuo.

Y precisamente, quisiéramos aquí definir las condiciones y medios por los cuales, en el seno mismo de la guerra y sus servidumbres, la libertad puede ser no solo preservada, sino también manifestada. Son cuatro: la lucidez, el rechazo, la ironía y la obstinación.

La lucidez supone resistir a las tentaciones del odio y el culto a la fatalidad. En el mundo de nuestra experiencia, todo puede ser evitado. La misma guerra es un fenómeno humano, que en todo momento puede ser prevenido o detenido por medios humanos. Basta con conocer los últimos años de la política europea para estar seguro de que la guerra, cualquiera que sea, tiene causas evidentes. Esta visión clara de las cosas excluye el odio ciego y la desesperación que deja hacer. Un periodista libre, en 1939, no desespera y lucha por lo que cree que es verdad...

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