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Columna

Lugar sin tiempo

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La arquitectura actual, tal vez sin proponérselo, ha planteado una paradoja bastante significativa de lo que ocurre en esta época: pese a la disminución del espacio habitable, y pese también a la práctica desaparición del lector de tiempo completo, los apartamentos modernos se promueven comercialmente con un lugar llamado biblioteca. Aunque el zaguán, la antesala, el granero y el cavedio, por ejemplo, han desaparecido de la vivienda corriente, el apartamento actual ostenta orgulloso, en el lenguaje grandilocuente de la publicidad, un lugar dedicado al libro y a la lectura. Resulta curioso y significativo, al mismo tiempo, que este lugar —precisamente éste— haya resistido incólume el paso del tiempo y la utilización pragmática del espacio. Un apartamento no atrae compradores hoy por poseer oratorio familiar, cuarto de costura, observatorio astronómico, recámaras, alguarín, o simplemente leonera, sino por ese raro recinto del pasado, que aún insiste en conservar la rancia denominación de biblioteca.

En opinión de Julio Ramón Ribeyro, una biblioteca personal en esta época representa un anacronismo que responde a circunstancias propias de tiempos idos, es decir, “cuando se habitaba el castillo o la casa solariega”; tiempos remotos e irrecuperables “en los que, por estar aislado del mundo, era necesario tener el mundo a la mano”. La actual biblioteca privada constituye una reminiscencia pálida, una evocación casi abstracta de las antiguas bibliotecas personales, según se conocieron desde Pisístrato y Policrates de Samos. Sin embargo, este ideal se resiste a ceder terreno, como si encarnara el último reducto humano. Si se tratara, empero, de la conservación de valores perdurables y de un culto al pasado, ¿no convendría más bien diseñar los apartamentos actuales con un pequeño panteón familiar o al menos con un cinerario? ¿No posee el panteón más trascendencia, más elevación espiritual, más valor, en definitiva, que la pequeña biblioteca, insuficiente siempre y sujeta por lo general a continuas modificaciones de gusto? La veneración de reliquias y de cenizas familiares entraña, innegablemente, más autenticidad que la exhibición lisonjera de unos cuantos volúmenes. “La formación de bibliotecas para los hijos”, en opinión de Gabriel Zaid, “se justifica como la preservación de ruinas: por razones puramente arqueológicas”.

Aunque resulta difícil saber...

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Jaime Alberto Vélez

Fue escritor y profesor de la Universidad de Antioquia. Escribió en El Malpensante la columna Satura durante casi cuatro años.

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