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"No sé por qué razón hay un buen número de enanos trabajando en una fábrica de bombillos". (Gijorgy Klapka)

La fábrica estaba al final de una calle exageradamente oscura. Su altura no rebasaba los seis pisos reglamentarios fijados por la ley y, si no fuera por su nombre arqueado y victorioso encima de la puerta principal, iluminado con una mortificante luz color naranja, cualquier paseante desprevenido habría podido jurar que se trataba de un motel. 38 ventanas rectangulares atrapadas entre una pared largamente descolorida, y un alero poco solidario en los largos inviernos, diferenciaban a este edificio de un carcomido pedazo de queso. Nada más.

Casi todas las mañanas veinte enanos, cumpliendo un simulado orden marcial, entraban con sus portacomidas a la fábrica de bombillos. La inusitada proliferación de esos seres, arrinconados por la inmensa mayoría de los habitantes del planeta a cumplir una serie de servicios vagamente humillantes, llenaron de inquietud a todo el vecindario. Y nadie creía que trabajaran allí o al menos que se dedicaran a un oficio tan serio y medianamente bien remunerado. Las bromas de aquellos que se asomaban a los balcones a las seis y media de la mañana caían sobre sus cabezas: cuántos enanos se necesitan para poner un bombillo, cuántos enanos caben dentro de un bombillo, etcétera. Pero a ellos les tenía sin cuidado.

Así como cuando se observa a diez militares subiendo una escalera uno se imagina que vienen de dar un golpe de estado y cuando ve bajar diez militares por la misma escalera cree que van a dar un golpe de estado, los enanos entraban y salían de la fábrica despertando todo tipo de suposiciones.

El mayor de ellos se apellidaba Kupka, y los restantes mantenían un lejano parentesco entre sí. Como se movían en absoluto silencio y realizaban su oficio con una exactitud marcial, al poco tiempo se hicieron indispensables en las más mínimas, pero no por eso menos necesarias, labores de la fábrica.

El señor Gutusso, dueño de la empresa de bombillos del mismo nombre, los contrató un lunes de enero de 1938 sin mayores preguntas y sin indagar sus antecedentes. Advirtió en la distancia excesiva entre ojo y ojo y en la macrocefalia compartida una sutil relación con los objetos que tenían que elaborar. Fueron suficientes sus ademanes precisos y sus reverencias de otra época para que provocaran en el señor Gutusso una inmediata simpatía y encendieran en su corazón la retorcida llama de la codicia.

Por obvias razones se vio tentado a dividir la nómina a la mitad, pero se contuvo a tiempo, aunque su idea la encontraba natural y hasta justificada. Pero n...

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Ramón Cote Baraibar

Invitado Festival Malpensante 2009. Entre sus libros se encuentra 'Páginas de en medio' publicado por Alfaguara.

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