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El Malpensante

Reseñas

Porque es una parodia

Libros

Ciudadano Kane, Pauline Kael. Traducción de Juan Manuel Pombo. Bogotá: Norma, 2001

Cuando uno ve Ciudadano Kane, no entiende muy bien por qué todos dicen que es la mejor película que existe, y llega a sentirse más o menos bruto porque, mientras todos aplauden y asienten con seguridad y lanzan teorías, la historia de Charles Foster Kane, un monstruo egocéntrico y caprichoso, un dictador cegado por la soberbia, un millonario ordinario e infeliz, le resulta apasionante, sorprendente y conmovedora, pero no le revela nada del mundo, o del hombre, que no haya oído antes, y porque los célebres recursos visuales —los travelings, los ángulos, los primeros planos, la profundidad de campo, las sombras— le despiertan admiración, pero no, no parecen suficientes para poner de acuerdo a los críticos del mundo.

Hace treinta años Pauline Kael, una de las críticas más respetadas de los Estados Unidos, escribió, para The New Yorker, un extraño libro que es capaz de convencer a cualquiera, incluso a gente como uno, de que Ciudadano Kane es, en efecto, la gran película de la historia del cine. Es un libro extraño: aun cuando a veces es una crónica, a veces es un ensayo y a veces una carta de amor, siempre resulta ser el mismo texto y avanza, a pesar de la aparente ausencia de una estructura, como si se tratara de un detallado documental sobre un escándalo. Es un libro estupendo, y la nueva edición en castellano, que acaba de llegar a las librerías, traducida con precisión por Juan Manuel Pombo, en verdad le hace justicia.

Pero bueno, ¿por qué los directores, los críticos y las listas de “las cien de la historia” se empeñan en decir que Ciudadano Kane es la mejor película de todos los tiempos? Pauline Kael nos da, como si no se diera cuenta, varias razones: primero, dice, están su expresionismo anacrónico, su ingenio adolescente, su prepotencia teatral y la actuación de Orson Welles, y después, y aunque pocos se detienen en detalles como ésos, están sus conmovedores errores, los trucos robados de la radio, la magia y el teatro, el apasionante olor a chisme y, sobre todas, la verdadera esencia del proyecto: la parodia malintencionada del hombre americano.

La película, estrenada en 194o y dirigida por el propio Orson Welles, es el resultado de toda una época en la que los guionistas y los directores de Hollywood trabajaban, con una ironía y un cinismo encantadores, a espaldas de los moralismos, los compromisos políticos y las pretensiones literarias. Herman J. Mankiewitz, el escritor de Ciuda...

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