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El Malpensante

Literatura

Yo

En 1914, un joven Vicente García escribió esta nota autobiográfica, publicada en el libro Pasando y pasando: crónicas y comentarios. Las agudas críticas sociales del libro incomodaron a su familia, hasta el punto de que su abuelo quemó toda la edición, de la que sólo se salvaron unos cuantos ejemplares.

El poeta en la plaza de San Marcos de Venecia. Fotografías Fundación Vicente Hudobro

Nací el 10 de enero de 1893. Una vieja medio bruja y medio sabia predijo que yo sería un gran bandido o un grande hombre.

¿Por cuál de las dos cosas optaré? Ser un bandido es indiscutiblemente muy artístico. El crimen debe tener sus deliciosos atractivos. ¿Ser un grande hombre? Según. Si he de ser un gran poeta, un literato, sí. Pero eso de ser un buen diputado, senador o ministro me parece lo más antiestético del mundo.
Después de pasar por algunos de esos graciosísimos colegios en que una doña Mariquita o doña Zoila o doña Carmelita nos enseñan y nos doctoran en silabario y nos amarran los pantalones cada vez que vamos para adentro, pasé al colegio de los jesuitas.
Ahí sufrí mi primer desengaño. Había creído que los sacerdotes eran siempre gente dulce, amable y cariñosa, que dan caramelos, santitos y medallitas, como los había visto en mi casa, llenos de afabilidad y suavidad, llenos de cordero pascual, y me encontré con unos padres enojones, estrictos, iracundos y muy castigadores. Habían caído ante mi vista los vellones de oveja, dejando en su lugar unos géneros negros y severos.
En vez de caramelos, santitos y medallitas había pésimas, arrestos y algo muy misceláneo que consistía en afirmarse en los pilares en los tiempos de recreo o vigilar la puerta del padre prefecto como los guardas de La Moneda.
Los dos primeros años fui estudioso y aprovechado, después me boté a flojo, con excepción de los ramos que no eran matemáticas, hasta el cuarto año de humanidades, en que volví por mis perdidos fueros.
Estudié muy bien la literatura, y en el examen obtuve una distinción, lo cual era perfectamente injusto pues había sido el primero de mi clase y no cometí un solo error.
En el examen de historia obtuve dos distinciones. Ahí aprendimos que Isabel de Inglaterra fue una mala reina; que Felipe II, aquel hombre repugnante, de alma negra y estúpido como un histrión, que murió en el Escorial, lleno de piojos y oliendo a letr...

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