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Economía y felicidad

¿Qué tiene que ver la economía con la felicidad? La inquietante pregunta lleva al ensayista mexicano bastante más allá de la actual moda del retorno de la economía política. Zaid vislumbra un regreso a las bases humanísticas de los fundadores de la disciplina.

La astronomía es una de las ciencias más antiguas, y durante milenios anunció desgracias. Todavía en la Edad Media señalaba días malos en el calendario: dies mali en latín, dismals en inglés, pero no se decía que fuera una dismal science, una ciencia nefasta. ¿Por qué se dice de la economía?

La astronomía nunca se propuso mejorar el cielo, optimizar la aparición de los cometas o hacer un fine tuning del ciclo de la Luna. Podemos criticar los métodos y los resultados de la astronomía antigua, pero no su temple científico; nació como una ciencia de observadores que no participaban en los hechos celestes y que trataban de integrar sus observaciones en teorías.

En cambio, la economía nació como administración. Desde sus orígenes, busca mejorar las realidades estudiadas: el patrimonio de la casa, la riqueza de las naciones. En el economista se complican dos voluntades: la de estudiar científicamente y la de mejorar. Son voluntades presididas por valores muy distintos, que se complican además con millones de voluntades. La sociedad no es un conjunto de objetos inertes, como los que estudia la astronomía. Opone resistencia al estudio y la intervención.

Alguna vez, cuando los industriales mexicanos ya habían sustituido las importaciones más obvias, se volvió necesario descubrir oportunidades remanentes, ocultas en las agregaciones estadísticas. En el mercado se observaban productos de importación que pudieran tener demanda suficiente para justificar la producción local. Pero, ¿cómo saberlo? Muchos despachos de investigación hacían estudios que pagaban los interesados. Y no faltó quien tuviera la brillante idea de estudiar sin pagar, logrando que la Secretaría de Industria y Comercio pusiera el producto de interés bajo el régimen de permiso previo. A través de los permisos, que eran públicos, se observaría el mercado: quiénes y cuánto importaban.

Pero ¿qué sucedía cuando un producto se ponía bajo el régimen de permiso previo? Que el mercado se asustaba. Era el anuncio de que alguien intentaba la sustitución. Aunque la importación continuaba, en cualquier momento quedaría prohibida, bajo el supuesto de que ya se producía en México. Lo cual iba a ser muy teórico en los primeros años. La producción mexicana podía fallar en calidad, al menos para ciertos usos; o en cantidad, con...

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