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Iceberg

Sin remedio

A raíz de una carta que Andrés Hoyos, director de esta publicación, le dirigió a la revista Semana a propósito de una columna de Antonio Caballero, el destacado escritor y crítico de arte colombiano escribió una respuesta titulada " El bienpensante". Publicamos aquí, al mismo tiempo que Semana, la contrarréplica de Hoyos. Los interesados en la polémica pueden consultar las ediciones del 27 de noviembre y del 4 de diciembre (donde salió la columna de Caballero).

 

Antonio Caballero sabe perfectamente que el desastre de las tradiciones dogmáticas legó a los filósofos un instrumento indispensable: la duda, ya sea en la elegante fórmula utilizada por Sócrates para enfrentar a los sofistas (“sólo sé que nada sé”) o en la versión metódica utilizada por Descartes para escapar de la escolástica. ¿Por qué, entonces, no duda nunca Antonio Caballero, por qué pontifica siempre cuando habla de política, por qué está siempre olímpicamente seguro de sus opiniones sobre la caótica realidad que vivimos cuando los demás andamos revolando en cuadro en procura de explicaciones convincentes?

Con esto en mente, hace varios años comentaba yo a una buena amiga que las columnas políticas de Antonio Caballero me decepcionaban —la forma, decía, no es previsible porque Caballero es un malabarista con las palabras, pero el fondo casi siempre lo es— y ella me dio una explicación sorprendente: “Es que Antonio Caballero es un perezoso”. En ese momento entendí al menos una parte del asunto. Me resultó obvio que Caballero había sacado un puñado de conclusiones definitivas en los tiempos heroicos del post mayo del 68 francés cuando Sartre era el gurú de los autores comprometidos y cuando todas las fiestas comenzaban y terminaban con las canciones de Carlos Puebla: “Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia...”. Después, concluí también, Caballero se dedicó a aplicar sus fórmulas semana tras semana. ¿Cuáles son estos pilares de certidumbre inamovible? Que el Estado es malo no importa en qué forma, que el poder y la política son corruptos en esencia, que la democracia es un engaño de plutócratas, que las masas necesitan de guías radicales e iluminados a los cuales hay que extender patente de corso para lo que se ofrezca, que la desigualdad social hace no ya aceptable sino inevitable la violencia revolucionaria, es decir, el amplio espectro del anarquismo litúrgico, combinado con un antiamericanismo sin fisuras y con una noción central que uno no sabe si proviene de las radionovelas de Félix B. Caignet o del pensamiento florido de san Francisco de Asís: los ricos son malos y los pobres son buenos. La plata, pues, de nuevo como estiércol del demonio.

En un principio, la realidad colombiana aportaba a Antonio materia prima a raudales para aplicar con eficacia sus simplificaciones, y el efecto, dada la extraordinaria escritura que no ...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

Diciembre de 2000
Edición No.27

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2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

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Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

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