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El Malpensante

Coda

¿Para quién serán los archivos de Foucault?

Traducción de El Malpensante

No está claro a quién pertenece el legado material de un pensador. En el caso del filósofo francés, un tira y afloje institucional abre la posibilidad de que sus manuscritos y grabaciones acaben en manos gringas. 

Foucault • © Roger Viollet Archives

 

No exageremos: tal vez no sea el primer asunto que tenga que abordar el nuevo ministro de Cultura, pero probablemente será el segundo. De lo contrario, el caso se eternizará en los arcanos de las distintas administraciones, que se irán pasando la pelota, y podremos decir adiós a los archivos del filósofo Michel Foucault. Y es que no debemos hacernos ilusiones sobre el efecto de una orden del Journal Officiel que recientemente clasificaba como “Tesoro Nacional” los 37.000 folletos, manuscritos y textos mecanografiados que abarcan un período de cuarenta años: si en treinta meses no se alcanza un acuerdo entre el vendedor y el Estado, las bibliotecas estatales de distintas universidades de Estados Unidos (Berkeley, Chicago, Yale), orgullosas de su Centro Michel Foucault, que tanto contribuyó al desarrollo de la obra del filósofo, van a competir por el privilegio de su adquisición. ¿Mensaje recibido, señor ministro? (O señora, que es lo que, añadimos, finalmente ha sido: Aurélie Filippetti.)

Este escenario-catástrofe dice menos de la ciencia ficción que de la clasificación de los Archivos Foucault, la cual se hizo inicialmente de forma preventiva para impedir que salieran del país en silencio. El sociólogo Daniel Defert, que compartió la vida del filósofo y heredó sus bienes, ha decidido, a los 75 años y después de una operación de corazón, separarse del legado, por lo que solicitó un permiso de exportación que encendió la pólvora: “La familia de Michel Foucault y yo esperamos que estos archivos se queden en Francia, considerando que la publicación de sus cursos no está completa. En todo caso, si no es posible, no tengo ninguna reticencia a priori contra los Estados Unidos, que tanto hicieron por él”, dice. Pero, ¿qué daría al traste con el acuerdo? Dos cosas que podrían reducirse a una: que la suma coincida con el precio de mercado (nadie quiere correr el riesgo de aventurar una cantidad pero, para ser más precisos, digamos que es mucho, es decir, mucho más de lo que costó adquirir los manuscritos de las Memorias de Casanova o los archivos de Guy Debord) y una vieja rivalidad entre dos instituciones culturales, cada una con sus p...

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