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Ensayo

Contra los hipsters o cómo vivir sin ironía

Traducción de Margarita Valencia

Algunas veces la ironía es señal de fino humor y aguda inteligencia; otras –las más frecuentes en esta época– es solo una forma de evadir el compromiso, las ideas originales y el riesgo de la individualidad. Así viven los hipsters, una tribu urbana autocomplaciente a la que exámenes críticos como este le importan más bien poco. 

Ilustración de Lorena Correa

 

Si la ironía es el ethos de nuestra era –y lo es–, entonces el hipster es nuestro arquetipo de vida irónica.

Los hipsters rondan en todas las calles urbanas, en todas las ciudades universitarias, y se declaran nostálgicos de una época que no es la suya. Estos arlequines urbanos contemporáneos se apropian de modas pasadas de moda (el bigote, los pantalones cortísimos), de sus aparatos (bicicletas con cambios manuales, tocadiscos portátiles), de sus aficiones (cerveza fabricada en casa, tocar el trombón). Cultivan la torpeza social y la excesiva conciencia de sí mismos. Antes de tomar cualquier decisión recorren todas las etapas del autoescrutinio. El hipster es un académico especializado en el comportamiento social, un estudioso de lo cool. Investiga incesantemente en busca de aquello que las masas han pasado por alto. Es una cita ambulante: su ropa hace alusión a muchas otras cosas además de sí mismo. Pretende negociar el eterno tema de la individualidad con objetos materiales en vez de conceptos.

Es blanco fácil de la burla. Sin embargo, al ridiculizar a los hipsters se les aplica una versión diluida de su propio malestar. No son más que un síntoma de la vida vivida irónicamente, y su manifestación más extrema. Para muchos norteamericanos nacidos en las décadas de 1980 y 1990 –miembros de la generación y, milenaristas–, en particular blancos de clase media, la ironía es el modo principal de hacer frente a la vida cotidiana. Basta pasar un rato en un espacio público, real o virtual, para darse cuenta de cuán extendido se encuentra este fenómeno. La publicidad, la política, la moda, la televisión: prácticamente no hay una categoría de la realidad contemporánea que no exhiba esta voluntad para la ironía.

 

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Comentarios a esta entrada

Aida Acevedo

Lo más interesante del artículo se encuentra en cuanto uno como lector se sincroniza con el sentido irónico que desarrolla.

Su comentario

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Es profesora en Princeton University. Es especialista en literatura francesa e italiana del siglo veinte.

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