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Crónica

Maras

Una breve historia

Una pequeña explicación sobre el fenómeno de la violencia que aqueja a El Salvador, Honduras y Guatemala.

Cada vez cuesta más desvincular a El Salvador del fenómeno de las maras, las pandillas juveniles que ahora son parte del crimen organizado y que tienen en la violencia extrema una de sus señas de identidad.

Las dos pandillas hegemónicas en el pequeño país centroamericano –también en Honduras, en Guatemala y en buena parte de México– son la Mara Salvatrucha-13  y el Barrio 18, que cultivan un mutuo odio a muerte desde hace más de tres décadas.

Pero, contrario a lo que podría suponerse, las maras son un fenómeno exportado desde Estados Unidos; en concreto, desde el área de Los Ángeles, California. Los orígenes del Barrio 18 (Eighteen Street Gang) hay que buscarlos a mediados del siglo pasado en los suburbios latinos angelinos. Más reciente, la Mara Salvatrucha surge a finales de los ochenta como una pandilla que en principio aglutinaba a hijos de los miles de salvadoreños que expulsó la Guerra Civil entre 1980 y 1992. La palabra “mara”, de hecho, es un viejo salvadoreñismo hoy contaminado por el fenómeno, pero que en principio significaba “grupo de amigos”, “cuadrilla”.

Ambas son tan solo dos entre el crisol de pandillas latinas que operan en el área de Los Ángeles. Ambas son sureñas, ubicadas bajo el paraguas de la Mafia Mexicana, la eMe, una poderosa banda carcelaria estadounidense con medio siglo de antigüedad, e integrada por los elementos más audaces y sanguinarios de las principales pandillas sureñas.

La cultura pandilleril comienza a implantarse en Centroamérica a inicios de la década de los noventa, cuando Washington puso en marcha una política de deportaciones masivas. El Salvador vivió en pocos meses la llegada de cientos de pandilleros activos, cuyo estilo de vida –ropas holgadas, tenis Nike Cortez, tatuajes, estrictos códigos disciplinarios y una seductora oferta de hermandad eterna– resultó ser un imán para la juventud salvadoreña de la posguerra.

En esos años noventa, así mismo, deportaron a integrantes de otras pandillas angelinas y en El Salvador había otros grupos juveniles autóctonos. Pero en menos de una década la ms-13 y el Barrio 18 polarizaron el fenómeno de tal manera que hoy día, entre los más de 60.000 pandilleros que según el gobierno hay en ...

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Es miembro permanente del proyecto 'Sala Negra' del periódico digital 'El Faro'.

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