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El Malpensante

Breviario

Angustias onomásticas

¿Influyen los nombres de autores y libros en la trascendencia de las obras? He aquí una conjetura.

En El pez en el agua, las memorias de su campaña presidencial, Vargas Llosa se queja de la cacofonía con la que fue bautizado su movimiento político: “Apenas llegué a Lima, el día 14 de diciembre, comencé a trabajar en la forja de ese Frente Democrático, al que los periodistas bautizarían con el horrible acrónimo de Fredemo (que Belaúnde y yo nos negamos siempre a usar)”. Quizá él, sensible a las palabras, sintiera que en parte ese nombre desafortunado contribuyó a su derrota electoral –para bien suyo y de la literatura–. Recordé esta cita porque refuerza la idea de que el nombre de algo puede marcar su fracaso o su éxito.

Ignoro qué tan efectivo es el lema turístico “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”, pero sospecho que no mucho, pues se presta para incontables ironías y juegos de palabras. Lo mismo pasa con los nombres de los autores y con los títulos de los libros: si Cien años de soledad se hubiera titulado La casa, como en principio pensó García Márquez, quizá la novela no habría alcanzado la resonancia mundial que tiene. Ese hermoso título ya no es genérico, sino que tiene personalidad y, para decirlo con todas sus letras, vende. De igual forma, no se puede saber qué tanto influyó en la suerte de Lucila Godoy Alcayaga y de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto haber firmado sus libros como Gabriela Mistral y Pablo Neruda, pero lo cierto es que ambos ganaron el Nobel usando esos seudónimos.

Una vez, en un tren, estuve charlando con el editor Javier Azpeitia, que había trabajado entre 1998 y 2004 como subdirector de Lengua de Trapo. En 2001 esa editorial publicó la primera novela de Pablo Tusset, que vendió más de 500.000 ejemplares, se tradujo a decenas de idiomas, salvó a Lengua de Trapo de un déficit económico y sentó las bases para seguir adelante. La novela se titula Lo mejor que le puede pasar a un cruasán. No la he leído. A juzgar por lo que he visto en internet, es muy divertida. Azpeitia me contó que, en las ferias internacionales adonde la llevaban, el título ejercía una atracción particular en los editores de otras lenguas. “Apenas miraban el catálogo, se interesaban por el libro. Había gente que, sabiendo solo por encima de qué se trataba, le bastaba ver el título para querer comprarla&rdqu...

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Antonio García Ángel

Es el autor de las novelas 'Su casa es mi casa', 'Recursos humanos' y 'Animales domésticos'.

Agosto de 2013
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