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El Malpensante

Iceberg

Kioscos

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Pronto habrá en el centro de Bogotá una primera tanda de kioscos donde se venderán impresos y comida no perecedera. Si el programa se cumple, es decir, si el alcalde que se elija en octubre no decide frenarlo, al final habrá cerca de dos mil kioscos por toda la ciudad. La idea, por lo que valga, nos parece buena, con la condición de que se lleve a cabo de manera aplomada y ordenada. Dirán nuestros lectores más suspicaces que el ladrón juzga por su condición. Ya los podemos oír: ahí están esos malpensantes con ganas de que nos enrostren su revistucha en las calles, en vez de dejar que el espacio público sirva para la contemplación de la ciudad y de las montañas y para que los mahometanos locales recen sin impedimentos con dirección a la Meca, entre muchas otras acciones sublimes. ¡Vendidos, arrepentidos, marrulleros!

Perdón, pero ¿no sería posible discutir el tema de una forma más tranquila? En esta revista nos alegra que la Plaza de San Victorino del centro de Bogotá ahora sea transitable y que uno no se tope tiro por tiro con tenderetes, y creemos que la recuperación del espacio público es fundamental a la hora de hacer vivible una ciudad. Asimismo debemos decir que no nos convence para nada el argumento de que la presencia de los vendedores ambulantes se justifica por razones de empleo, pues la realidad es que como un todo el ambulantazgo tiene un efecto negativo sobre el empleo, en particular sobre el formal que cumple condiciones laborales, que paga impuestos y que vende mercancías legales. Por cada cachivache que se vende en la calle la gente deja de comprar algo en un almacén legal, y por cada caseta que se pone en un andén estrecho el negocio legal al que ésta impide el acceso languidece. Sólo que los kioscos no se instalarían para eso, entre otras razones porque la cantidad que se tiene planeada ni quita ni pone en materia de empleo.
 
Agreguemos a la discusión un hecho claro y contundente: en París, Madrid, Nueva York, Barcelona y demás ciudades dignas de ser contempladas existen los kioscos de prensa y chicles. Allí justamente los kioscos representan lo contrario de los vendedores ambulantes. Se rigen por regulaciones y controles claros, pagan arriendo a la ciudad, su uso se pierde si se abusa de ellos y no se ponen donde no caben. Sirven, sobre todo, para acercar la letra impresa a la gente, es decir, para promover la cultura. Claro, esto a la larga también implica que revistuchas como ésta tengan más lectores, pero suponemos q...

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