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Breviario

La vida de los otros

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El cine dispone de numerosos efectos especiales pero ninguno de ellos alarga lo que dura una función. En la pantalla, los conflictos históricos tienen prisa: el espectador debe saber de inmediato a quién apoya. El filósofo Ludwig Wittgenstein apreciaba la fulminante ética de las películas de vaqueros. Pero no siempre es posible contar la historia del mundo como un duelo de pistoleros bajo el sol. La vida de los otros, que acaba de recibir el Oscar a mejor película extranjera, retrata una dictadura sin caer en los frecuentes maniqueísmos del cine, donde el Malo es un troglodita que mata a su hijo y el Bueno da la vida al compás de una emotiva pista sonora.

En su ópera prima, Florian Henckel von Donnersmarck sitúa la acción en 1984, cinco años antes de la caída del Muro de Berlín, y se ocupa de la severa vigilancia a la que fueron sometidos los habitantes de la RDA. Uno de cada tres ciudadanos era “informante no oficial” de la Stasi, la agencia de Seguridad del Estado. Con frecuencia, sus reportes eran inocuos. En su novela Héroes como nosotros, Thomas Brussig aborda el asunto en clave de comedia: sus espías son incompetentes semidormidos que “delatan” las tazas de café que bebió una persona. La película de Donnersmarck capta el tema desde su ángulo dramático: como en El proceso de Kafka, el sistema persecutorio alcanza a los protagonistas en su esfera privada, en la cocina donde también meriendan las sombras de la Stasi.
 
De 1981 a 1984 fui agregado cultural de México en Berlín Oriental, ciudad invadida por la inspección de la privacidad, donde la paranoia se convertía en una forma de la costumbre. Hoy en día, quienes fuimos espiados podemos consultar nuestro expediente en el Bundesbeauftragte, oficina dedicada a explorar las delaciones del pasado.
 
Entre los entusiastas de La vida de los otros se cuenta Marianne Birthler, activista de derechos humanos que dirige el Bundesbeauftragte. En el verano de 2002 la entrevisté para conocer el efecto que el conocimiento de las actas había tenido en la población: “Con frecuencia, en Alemania el pasado se ve como amenaza; se habla de superarlo como si se tratara de algo conflictivo. Yo lo veo como una riqueza. Los archivos de la Stasi son un importante legado histórico. Aquí no sólo hay pruebas de traición y vigilancia sino historias de coraje...

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Juan Villoro

Ganó el Premio Herralde en 2004 por su novela 'El testigo'. Su última publicación es el ensayo 'Balón dividido'.

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