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Ensayo

Tenemos que hablar de TED

Traducido por Patricia Torres

Las charlas TED se han convertido en un poderoso instrumento de divulgación. Al margen de su popularidad y del gran optimismo que generan en una fiel comunidad de seguidores, la incidencia de sus ideas es prácticamente nula. ¿Algo está mal con TED?

 

 

© Tongro Images • Corbis

En nuestra cultura, hablar sobre el futuro es a veces una forma sutil de decir cosas sobre el presente que, de otra manera, sonarían demasiado fuertes o implicarían asumir riesgos.

Pero, ¿alguna vez se han preguntado por qué solo una pequeña parte del futuro que prometen las charlas ted llega a convertirse en realidad? ¡Tanto potencial y entusiasmo, pero tan poco cambio real! ¿Acaso son las ideas las que están erradas? ¿O quizás el error radica en la idea acerca de lo que las ideas pueden hacer por sí mismas?

 

Escribo sobre las complejidades de la tecnología y la cultura; sobre cómo las tecnologías permiten la creación de ciertos mundos, pero son las estructuras culturales las que determinan cómo evolucionarán esas tecnologías. Es el espacio en que se cruzan la filosofía y el diseño.

Así las cosas, la conceptualización de las posibilidades es algo que me tomo muy en serio. Por esa razón, yo, y muchas otras personas, consideramos que desde hace tiempo llegó la hora de dar un paso atrás y hacernos unas cuantas preguntas serias sobre la viabilidad intelectual de cosas como TED.

De tal forma que mi charla TED no tiene que ver con mi trabajo, ni con mi nuevo libro, que es lo que se acostumbra, sino con la idea de TED en sí misma: qué es y por qué no funciona.

La primera razón es el exceso de simplificación.

Para que quede claro, creo que es bueno pedirle a la gente brillante, que hace cosas muy brillantes, una explicación sobre lo que hace en términos comprensibles para todo el mundo. Pero TED va mucho más allá.

Permítanme contarles una historia. Asistí a la presentación que hizo un amigo astrofísico ante un posible patrocinador de su proyecto. Pensé que su presentación había sido lúcida y atractiva (yo soy profesor de artes visuales en UCSD, así que en realidad no sé nada sobre astrofísica); sin embargo, después de la charla el posible patrocinador le dijo: “¿Sabe? Voy a abstenerme porque sencillamente no me siento inspirado... Usted debería hablar más como Malcolm Gladwell” .

En ese momento casi pierdo el control. ¿Se imaginan?

Piensen en eso un instante: un científico de verdad, que produce conocimiento real, debería ser más como un periodista que recicla revelaciones falsas. Esto va mucho más allá de la divulgación. Esto implica tomar algo que tiene valor y sustancia, y sacarlo de contexto para que pueda ser tragado sin masticar. Esa no es la solución para nuestros problemas más aterradores, más bien es uno de nuestros problemas más aterradores.

Entonces me pregunto: ¿acaso TED es el ejemplo perfecto de una situación en la cual se le dice a un científico (o a un artista, un filósofo, un activista, o lo que sea) que su trabajo no merece apoyo porque el público no se siente bien escuchándolo?

Pienso que la astrofísica manejada según el modelo de American Idol es una receta para el desastre de la civilización. 

¿Qué es exactamente TED?

Tal vez es la propuesta según la cual, si hablamos lo suficiente sobre ideas que puedan cambiar el mundo, entonces el mundo cambiará. Pero eso no es cierto y ese es el segundo problema.

La sigla TED se refiere a Tecnología, Entretenimiento y Diseño –enseguida hablaré un poco de los tres–, pero creo que en la actualidad la sigla TED alude, de manera más amplia, a una mezcla de información y entretenimiento que se ha vuelto una especie de gran iglesia para gente pseudoculta.

El recurso retórico principal de las charlas ted es combinar la epifanía y el testimonio personal (el “epifamonio”, podríamos decir), a través de lo cual el orador comparte un viaje personal de descubrimiento y reconocimiento, y sus triunfos y tribulaciones.

¿Y qué es lo que la audiencia de las conferencias ted espera obtener de esto? ¿Una revelación indirecta, un fugaz momento de asombro, un atisbo de que tal vez todo terminará por funcionar al final? ¿Un llamado espiritual?

Pues lo siento, pero eso no alcanza el nivel de los desafíos que se supone que debemos enfrentar aquí. Se trata de retos complejos, que se prestan poco a soluciones obvias, fáciles. Estos desafíos no tienen nada que ver con las experiencias optimistas de nadie. Y si tenemos en cuenta lo que está en juego, hacer que nuestras mentes más brillantes pierdan su tiempo, y el de la audiencia, bailando como presentadores de infomerciales, es un precio demasiado alto. Es cínico.

Y además, simplemente no funciona.

Recientemente hubo una gran polémica cuando TED Global envió un comunicado a los organizadores de TEDX pidiéndoles que no incluyeran oradores cuyo trabajo cubriera conspiraciones, temas paranormales, de la Nueva Era, “neuroenergía cuántica”, etc. En lugar de esos placebos, TEDX debía buscar charlas imaginativas, pero basadas en la realidad. Hay que decir, para ser justos, que ellos aguantaron el escándalo suscitado por esto, así que debemos reconocer el gesto. Mucha gente se toma estas charlas muy en serio y podrían terminar dando crédito a ideas engañosas si llevan el aval de TED. Así que nada de ciencia ni medicina placebo.

Pero... los corolarios de la ciencia y la medicina placebo son la política y la innovación placebo. Y en este punto, ted aún tiene mucho por hacer.

Tal vez el momento culminante de la política y la innovación placebo tuvo lugar durante la charla TEDX San Diego en 2011. Supongo que están familiarizados con Kony 2012, la campaña mediática para detener los crímenes de guerra en África central. ¿Qué fue lo que pasó? Un buen samaritano americano, surfista y evangélico, decide ayudar a los niños de África y hace un sensiblero video explicando el genocidio al elenco de Glee. El mundo descubre que su epifanía pública es tan superficial que es casi un autoengaño. La compleja geopolítica de África central sigue intacta. Kony sigue andando por ahí. Fin.

¿Ven? Cuando la inspiración se vuelve manipulación, la inspiración se convierte en ofuscamiento. Si uno no es un cínico, debería ser escéptico. Hay que desconfiar de la política placebo tanto como desconfiamos de la medicina placebo. 

T y tecnología

T - E -D. Hablaré rápidamente de cada uno.

Primero la tecnología... Nos dicen que no solo el cambio es cada vez más acelerado, sino que el ritmo del cambio también se está acelerando.

Aunque eso es cierto en lo que se refiere a la capacidad de almacenamiento computacional a nivel planetario, al mismo tiempo, y de hecho las dos cosas están conectadas, también nos encontramos en un momento de desaceleración cultural.

Invertimos nuestra energía en tecnologías futuristas de información, como nuestros carros, pero cuando llegamos a casa los guardamos en una construcción kitsch, copiada de la arquitectura del siglo XVIII. El futuro que nos ofrecen es uno en el cual todo cambia, siempre y cuando todo siga igual. Tendremos dispositivos como las gafas de Google, pero aún usaremos trajes convencionales.

¿Acaso esta timidez es nuestro camino hacia el futuro? No, esto es increíblemente conservador y no hay razón para pensar que el hecho de tener más gigaflops nos vacune contra ello.

Porque si un problema es realmente endémico a un sistema, entonces los efectos exponenciales de la ley de Moore también sirven para amplificar lo que está dañado. Es más computación avanzando por el mal camino y no creo que represente necesariamente un triunfo de la razón.

Parte de mi trabajo explora profundos cambios tecnoculturales, desde el posthumanismo hasta el post-antropoceno, pero la versión de TED tiene demasiada fe en la tecnología, sin suficiente compromiso con ella. Es un tecnorradicalismo placebo, jugar con el riesgo para reafirmar la zona de confort.

Nuestras máquinas son cada vez más inteligentes, al tiempo que nosotros nos volvemos más estúpidos. Pero las cosas no tienen que ser así. Unas y otros podemos ser mucho más inteligentes. Es posible otra clase de futurismo. 

E y economía

Una mejor “E” en la sigla de TED haría referencia a la economía en lugar del entretenimiento. La necesidad de imaginar y diseñar diferentes sistemas de valoración, intercambio, contabilidad de costos externos, financiación de un planeamiento coordinado, etc. Porque el modelo de Estados más mercados, o Estados versus mercados, es insuficiente y nuestra conversación está estancada en una guerra fría.

Es incluso peor cuando se habla de economía como si fuera metafísica, como si los sistemas reales fueran solo malas versiones de los ideales.

En teoría, el comunismo es una utopía igualitaria. Sin embargo, el comunismo existente significó devastación ecológica, espionaje gubernamental, pésimos carros y campos de trabajo forzado.

En teoría, el capitalismo son naves espaciales, nanomedicina y Bono salvando a África. Sin embargo, el capitalismo existente significa empleos en Walmart, mansiones desproporcionadas en cualquier parte, gente viviendo en las alcantarillas de Las Vegas, Ryan Seacrest –el presentador de American Idol–... más devastación ecológica, espionaje gubernamental, pésimo transporte público y prisiones con ánimo de lucro.

Nuestras opciones de cambio van básicamente desde lo que tenemos con un poco más de Hayek, hasta lo que tenemos con un poco más de Keynes. ¿Por qué?

Los últimos siglos han supuesto extraordinarios logros en el mejoramiento de la calidad de vida. Lo paradójico es que el sistema que tenemos ahora, como quieran llamarlo, es a corto plazo lo que hace posible esas asombrosas nuevas tecnologías, pero a largo plazo también es lo que impide su florecimiento pleno. Es indispensable otra arquitectura económica. 

D y diseño

En lugar de que nuestros diseñadores sigan creando incesantes prototipos del mismo “elemento de cambio para el bien” y luego se pregunten por qué sus proyectos no son implementados a gran escala, tal vez deberíamos decidir que el diseño no es una especie de respuesta mágica. El diseño es muy importante, pero por razones muy distintas. Es fácil entusiasmarse con el diseño porque, al igual que hablar sobre el futuro, es más amable que referirse al elefante blanco que tenemos en medio del salón...

Por ejemplo...

Teléfonos, drones y genomas, eso es lo que diseñamos aquí en San Diego y en La Jolla. Aparte de las otras cosas increíblemente buenas que hacen esas tecnologías, ellas son la base para el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el sistema de robots voladores que matan gente y la masiva privatización de la vida biológica. Eso también es parte de lo que hacemos.

El potencial de estas tecnologías es al mismo tiempo maravilloso y aterrador; para lograr que funcionen bien en el futuro, hay que tener en cuenta que el diseño entendido como “innovación” no es una idea suficientemente fuerte por sí sola. Necesitamos hablar más acerca del diseño como “inmunización”: prevenir activamente ciertas “innovaciones” potenciales que no queremos que se desarrollen. 

Y entonces...

En cuanto a una conclusión simple... no tengo una conclusión simple, ninguna idea mágica. Y ese es, en parte, el punto de todo esto. Diría que si algún día se resolvieran los problemas que enfrenta nuestra especie, entonces tal vez muchos de los que estamos en este salón nos quedaríamos sin trabajo (y quizás estaríamos en la cárcel).

Pero no es que haya escasez de tópicos para tener una discusión seria. Necesitamos una conversación más profunda acerca de la diferencia entre el cosmopolitismo digital y el feudalismo de la nube (y a propósito de eso, una historia gay de la ciencia informática y la celebración oficial del cumpleaños de Alan Turing).

Me gustaría ver nuevos mapas del mundo, unos mapas que no estén basados en el colonialismo de los pobladores, en genomas hereditarios y mitos de la Edad de Bronce, sino en algo más... expandible.

Hoy día TED no es eso.

Los problemas no son “rompecabezas” que hay que armar. Esa metáfora asume que todas las piezas necesarias ya están sobre la mesa y solo hay que reorganizarlas y reprogramarlas. Pero eso no es cierto.

La “innovación” definida como mover las piezas y agregar más poder de procesamiento no es ninguna Gran Idea que vaya a cambiar un statu quo fallido: eso es precisamente el statu quo fallido.

Un orador de TED dijo recientemente lo siguiente: “Si suprimes este límite... el único límite que quedará es nuestra imaginación”. Falso.

Si de verdad queremos transformación, tenemos que sumergirnos en las cosas difíciles (historia, economía, filosofía, arte, ambigüedades, contradicciones). Hacer todo eso a un lado para concentrarnos solo en la tecnología, o solo en la innovación, de hecho impide la transformación.

En lugar de simplificar el futuro, necesitamos elevar la comprensión general hasta el nivel de complejidad de los sistemas en los cuales estamos inmersos y que están inmersos en nosotros. Esto no tiene nada que ver con “historias personales de inspiración”, tiene que ver con el difícil e incierto trabajo de la desmitificación y la reconceptualización: lo que de verdad cambia la manera en que pensamos. Más Copérnico y menos autores de autoayuda como Tony Robbins.

En el ámbito de la sociedad, la conclusión es que si invertimos en cosas que nos hacen sentir bien pero no funcionan y no invertimos en cosas que no nos hacen sentir bien pero pueden resolver problemas, entonces nuestro destino es que llegará el día en que sea más difícil sentirse bien frente al hecho de no resolver problemas.

En este caso el placebo no es solo ineficaz sino peligroso, lo cual es peor. Desvía nuestro interés, entusiasmo e indignación hasta ser absorbidos por el agujero negro de la afectación.

Vive tranquilo y sigue “innovando”... ¿es ese el verdadero mensaje de TED? Para mí, eso no es inspirador, es cinismo.

En Estados Unidos la derecha tiene ciertos canales mediáticos que le permiten encerrar la realidad y sacarla de contexto... Otros grupos de electores tienen a TED.

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Comentarios a esta entrada

Ignacio Sanz

MUY interesante punto de vista. Ya se lo estoy enviando a amigos, muy progresistas ellos, para que se escandalicen. Gracias por la traducción.

Victor Barreto

Muchas gracias por escribir esto. A mis compañeros de charla no les va gustar, pero esta fenomenal.

Su comentario

Benjamin H. Bratton

Es profesor asociado de artes visuales y director del Centro para el Diseño y la Geopolítica en la Universidad de California.

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